EL REGIMIENTO DE INFANTERIA I ‘PATRICIOS’ EN LA GUERRA DE MALVINAS

EL REGIMIENTO DE INFANTERIA I ‘PATRICIOS’ EN LA GUERRA DE MALVINAS

Transcurridas varias décadas desde aquel 2 de abril de 1982, momento en el cual se reafirmaron los principios soberanos argentinos sobre las islas Malvinas, aún hoy subyace cierto desconocimiento sobre lo actuado por el Regimiento de Infantería I ‘Patricios’ (RI1) en dicha guerra. Por eso mismo, en esta nota trataremos de dilucidar, con nombres, sitios y hechos, cómo intervino la unidad militar decana de la patria al llamado de las armas.

Me valgo, para desarrollar el tema, principalmente de diversos diálogos que mantuve desde el año 2004 al presente con distintos veteranos ‘Patricios’ que, de tanto en tanto, logro ver en algunos homenajes o fechas alegóricas relacionadas al Uno Grande. Y si son más que nada fuentes orales, lo mismo tiene que ver con lo señalado en el primer párrafo: porque existe un desconocimiento y ocultamiento bastante generalizado y profundo sobre el tópico, al punto tal de no contar casi con fuentes escritas que me ayuden a completar un trabajo lo suficientemente objetivo y serio. Llenar ese vacío es, entonces, uno de los propósitos de esta nota.

CANTIDAD DE EFECTIVOS Y PRIMER ARRIBO A LAS ISLAS

Los ‘Patricios’ convocados para defender la soberanía nacional fueron en total 180 efectivos, entre oficiales, suboficiales y soldados. Algunos de ellos, no todos, arribaron a las islas Malvinas el 13 de abril de 1982, once días luego de su recuperación. El RI1, como dice una publicación,

“participa en esta oportunidad [guerra de Malvinas] con una Subunidad, la Compañía de Infantería A “Buenos Ayres”, que fue agregada al Regimiento de Infantería Mecanizado 6 “General Viamonte”, como Compañía C de la mencionada unidad.”[1]

Los datos más precisos, dan cuenta que entre 23 y 25 soldados pertenecían a la referida Compañía A “Buenos Ayres” que se fusionó con el Regimiento de Infantería Mecanizado 6 “Gral. Viamonte” (RIM6) durante el conflicto, quedando así conformada la Compañía C del RIM6 hasta el final de la guerra.[2]

De ese primer contingente, es probable que hayan estado los 58 u 80 efectivos de la Compañía B “Curupaytí”[3], como así también algunos ‘Patricios’ que formaban parte de la histórica Compañía D “Suipacha”, de la cual nunca se dieron a conocer cifras oficiales del número de integrantes.

Los ‘Patricios’ de la Compañía A “Buenos Ayres” y de la “B” Curupaytí” llegaron a Malvinas bajo la jefatura del capitán Humberto Hugo Pasqualetti, de siniestra actuación, como se verá más adelante.

Otras secciones (la 2da. y 3era.) de la Compañía A “Buenos Ayres” del RI1 se fusionaron el 14 de abril de 1982 al Regimiento de Infantería 25 del teniente coronel Mohamed Alí Seineldín, “formando parte del dispositivo de Defensa de Puerto Argentino”. La Sección 1ª. y la Sección Apoyo, en cambio, desempeñaron funciones defensivas en el aeropuerto de la capital.

SEGUNDO CONTINGENTE A MALVINAS

Antes de pisar turba malvinera, otra parte de la tropa del RI1 estuvo apostada en la ciudad de Comodoro Rivadavia, Provincia de Chubut, teniendo por misión tareas defensivas en el denominado Subsector Centro. Aquí realizaron ejercicios rutinarios de control y seguridad en una amplia franja que se extendía desde Comodoro Rivadavia hasta la santacruceña localidad de Caleta Olivia, desde abril y hasta los primeros días de junio de 1982.

Sin embargo, un día, el 8 de junio de 1982, aquel segundo grupo de soldados del RI1 fueron destacados con sus pertrechos a las islas Malvinas, recibiendo la orden de agregarse al Regimiento de Infantería Mecanizado 7 “Coronel Conde” (RIM7). Junto a éste, los efectivos del RI1 acoplados se batieron en la batalla de Monte Longdon los días 11 y 12 de junio de 1982.

Otras fuentes aseguran, por el contrario, que el arribo de los ‘Patricios’ que se hallaban en el Subsector Centro tuvo lugar el 28 de mayo de 1982 “a bordo de un avión Fokker de la Armada Argentina” que tuvo que hacer, por el bloqueo aéreo impuesto por los ingleses, unos “cinco intentos de aterrizaje (…) y volando a apenas 15 metros de altura” por la acción de los radares enemigos. En ese vuelo iban hacia el archipiélago tropas de la Sección Morteros Pesados (1 suboficial y 5 soldados) y de la Sección Ametralladoras (1 suboficial y 4 soldados). El detalle de sus grados y nombres, es el que sigue:

REGIMIENTO DE INFANTERÍA I ‘PATRICIOS’

Sección Morteros Pesados:

  • SARGENTO Ramón Antinori
  • SOLDADO C/62 Marcelo Eddi
  • SOLDADO C/62 Víctor Figueroa
  • SOLDADO C/62 Daniel Pérez
  • SOLDADO C/62 Luis Quinteros
  • SOLDADO Radio Operador C/62 Carlos Varela.

Sección Ametralladoras: 

  • CABO 1º Julio Miguel Ramírez
  • SOLDADO C/63 Claudio Alfredo Bastida
  • SOLDADO C/63 Alejandro Di Santo
  • SOLDADO C/63 Marcelo Mazzitelli
  • SOLDADO C/63 Daniel Orfanotti

“El Regimiento ‘Patricios’, el 28 de mayo [de 1982] –decía un veterano de Guerra en el Museo Histórico del RI1[4]hace cruzar de Comodoro Rivadavia a 12 soldados de ‘Patricios’ y a 4 Granaderos”, versión que se agrega a otras que, por cierto, intentan acercarse lo mejor posible el número de infantes que estuvieron en aquella cita de honor en las últimas semanas del conflicto.

DOS HERMANAS Y MONTE LONGDON

Una vez en las islas, la Sección Morteros Pesados se traslada al Monte Dos Hermanas, incorporándose al RIM6 y al Regimiento de Infantería Mecanizado 4 “Coronel Manuel Fraga” (RIM4), mientras que la Sección Ametralladoras del Regimiento ‘Patricios’ es conducido a Monte Longdon para ponerse a las órdenes, como se ha dicho antes, del RIM7.

Los soldados ‘Patricios’ resisten por varios días en el Monte Dos Hermanas el fuego de la artillería naval, terrestre y aérea de los ingleses. El área donde se libra el combate se extiende a unos 7 kilómetros de distancia, más que nada en el Monte Kent, donde acechan las fuerzas enemigas.

El 9 de junio de 1982, las piezas de mortero dejan ya de cumplir su misión, por lo que quedan inutilizadas; llegaba la hora del fusil y el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.[5] Dos días más tarde, la superioridad en hombres y pertrechos por parte de los ingleses fuerzan el repliegue de los efectivos del RI1 hacia las elevaciones de Tumbledown y Harriet. Se reanudan los fuegos dos días más tarde, hasta que nuevamente se siente el rigor de los invasores, lo que hace continuar el repliegue y el encuentro de los ‘Patricios’ y de los demás infantes del RIM6 y el RIM4 con el Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM5) en Sapper Hill, donde se enteraron de la rendición de Puerto Argentino y de su nueva condición de prisioneros de guerra.

Detalle de un mapa cartográfico de las acciones de la Batalla de Monte Longdon, los días 11 y 12 de junio de 1982. Fue cuando murió el soldado ‘Patricio’ Claudio Bastida, quien estaba incorporado al RI7.

Monte Longdon, por otra parte, es considerada la batalla más sangrienta y prolongada de la Guerra de Malvinas, totalizando 20 horas de ininterrumpido enfrentamiento. Junto a los ‘Patricios’ de la Sección Ametralladoras, pelearon allí el “Regimiento de Infantería Nº 7, una compañía del Regimiento de Infantería Mecanizado Nº 3 y el Batallón Comando de Infantería de Marina”.

Comunicados oficiales emitidos por el Estado Mayor Conjunto de las FF.AA., dijeron que en Monte Longdon se peleó por durante “17 horas (…) en lo que medios militares estiman es la primera fase del ataque definitivo de las tropas colonialistas a Puerto Argentino”. La ofensiva terrestre, que fuera iniciada por los invasores “a las 2 de la madrugada” del sábado 12 de junio de 1982, contó con “aproximadamente 3000 efectivos, superiores en número a las fuerzas patriotas ubicadas en la primera línea defensiva”.

Al mismo tiempo, y muy cerca de Monte Longdon, se informaba el 13 de junio que “El frente de combate osciló en una línea imaginaria que une los montes Dos Hermanas y Harriet”, continuaba expresando el alto mando de las fuerzas armadas argentinas.[6]

LA MUERTE DE BASTIDA

La Sección Ametralladoras de los ‘Patricios’ acoplada al RIM7 apoyaba el fuego patrio de la artillería y los morteros con dos ametralladoras MAG 7,62 mm., maniobrando una de ellas los soldados del RI1 Claudio Bastida (como apuntador) y Daniel Orfanotti (auxiliar).

Del testimonio de un camarada de Bastida, recogí algunos detalles de su caída en combate en Monte Longdon el 12 de junio de 1982. A Bastida, que le decían Frankenstein, le arreciaban cerca de su humanidad los estruendos y las esquirlas de los proyectiles ingleses. En un momento dado, cae sobre él y su MAG un proyectil que lo despedazó, mientras que una de las esquirlas de metal le quedó alojada en el cuello al auxiliar Orfanotti, quien se encontraba a escasos metros de Bastida.[7]

“Ocurrió –me confesó un veterano ‘Patricio’- que las bombas lanzadas por los ingleses eran de esas que buscan el calor u objetos ‘calientes’, por eso cayó una muy cerca de la MAG de Bastida”. Esta sentencia, nos da una idea de la cantidad de balas que escupió la ametralladora de Claudio Bastida, la única y simbólica baja que tuvo el Regimiento de Infantería I ‘Patricios’ en las Malvinas, sellando así su pacto de honor con la patria en todas las batallas donde se jugó la soberanía nacional.

Fotografía inédita de Claudio Alfredo Bastida, testimonio del histórico compromiso del Regimiento ‘Patricios’ con la patria toda vez que ésta jugó su soberanía nacional.

El caso del héroe Bastida queda de manifiesto al tomar conocimiento que, a pesar de ser el único sostén de su familia, y de haber podido sacar provecho de tal circunstancia, él mismo se alistó como voluntario cuando estalla el conflicto del Atlántico Sur en abril de 1982. Por su carácter decidido y la profunda convicción católica de sus actos, que le fueron inculcados por sus padres, vio necesaria su participación en el acto heroico y sublime de hasta perder la vida en defensa de la patria, tal el juramento que se hace frente a la Bandera Nacional en los ámbitos castrenses.

LA CAPITULACION 

La trastienda de la guerra suele ser un capítulo para nada simpático y recordable si se está en el bando de los que debieron entregar sus armas, uniformes y recuerdos al momento de la rendición. No obstante, hay momentos o destellos plenos de dignidad y leyenda que los vuelve únicos.

Cuando los ‘Patricios previeron el desenlace final arrancaron de sus uniformes los históricos escudos de la unidad que llevaban cosidos sobre su hombro izquierdo, con tal de que ninguno caiga en mano de las tropas británicas. Estaban hechas de tela y bordadas. “Algunas de esas insignias fueron quemadas, otros las rompieron y hubo quienes las escondieron para siempre en la naturaleza de las islas”, me contaba un combatiente hace unos años.

“Lo mismo sucedió con la Bandera del Regimiento”, continuó diciéndome ese ‘Patricio’, quien no recordaba bien “si fue un teniente o un teniente primero que se la escondió enrollada entre su ropa sin ser descubierta”.

Entre los malos americanos que colaboraron con la traición anglófila, los ‘Patricios’ se acuerdan haber luchado contra hombres de Puerto Rico. El día 14 de junio, cuando se consumó la rendición, un veterano del RI1 recordó con bronca y amargura haber sido tomado prisionero y puesto a cargo de un portorriqueño. Nunca pudo olvidar a quienes se vendieron a Inglaterra como ese centroamericano.

Una vez desarmados, y ante el escarnio propinado por las burlas del invasor triunfante, los efectivos del RI1 entonaron, a viva voz, la Marcha “El Uno Grande”, pieza musical que rememora las bravas gestas de la unidad decana de nuestra Ejército, y eso pese a que los ingleses “no querían que habláramos o cantáramos”, me espetó otro veterano del regimiento.

LA VIDA EN LAS TRINCHERAS: MISERIAS Y VIRTUDES 

Como sucede en toda guerra, no solo de heroicidad se vive en las trincheras o en los lugares donde se acampa a la espera del enemigo. Entre los camaradas del RI1 no faltaron los ejemplos de villanía y miseria.

Estuvo el caso tristemente famoso de “un teniente de ‘Patricios’ que estaqueó a algunos soldados, mientras que a otro lo enterró en el suelo hasta la cabeza durante 3 días”, le oí decir a un ex combatiente del RI1. Otro caso, fue el de “un oficial que, por una tontera, llegó a golpear con la culata de su fusil en la boca a un soldado, partiéndole varios dientes”.

Me acuerdo de algo que manifestó un soldado veterano ‘Patricio’, al sostener que “no contábamos con la ración de comida que nos debía tocar, por eso varias veces tuvimos que salir a robar comida de otros lugares, o bien salir a matar alguna oveja”.  Lo más aberrante fue cuando un suboficial les quiso vender a los conscriptos “unos tarros de dulces y alimentos”, contaba a modo de conclusión.

Recién sacada del molde donde se hacía, aquí se puede ver la máscara de bronce que muestra al soldado Claudio Bastida. Fue realizada por el secretario de Patricios de Vuelta de Obligado (PVO), Oscar Turone, a pedido de las autoridades del RI1 y de los Veteranos de Guerra de la misma unidad.

A quien no pueden ver siquiera en homenaje alguno, es al capitán Humberto Pasqualetti. “Una vez le dijimos a un jefe de ‘Patricios’ que si en un acto o desfile lo llegábamos a ver, lo mismo nos iba a resultar de mucho desagrado. Que lo mejor sería que ni aparezca por el cuartel”, soltaron, casi al unísono, unos veteranos que lo padecieron en las islas Malvinas. Y agregaron: “No estuvo con la tropa y se le daba por estaquear a varios camaradas”.

Otras memorias referidas a Pasqualetti lo relacionaban a la irascible actitud que tenía para quienes, en medio del frío, la turba y el fango, padecían el pie de trinchera, enfermedad que suele afectar a los soldados que permanecen durante mucho tiempo en trincheras con el suelo humedecido o, directamente, llenos de agua.[8] Por eso, escuché dar la siguiente versión:

“Si alguien tenía pie de trinchera, el soldado recibía del capitán Pasqualetti la respuesta ‘¡Usted se queda en su puesto!’. Por eso, algunos camaradas sufrieron al final de la guerra, la amputación de la pierna por culpa de él.”

De todas maneras, los ‘Patricios’ no recuerdan únicamente aquellos momentos de zozobra o maledicencia que les tocó en suerte en 1982, ya que, en la postrer evocación de esos días, preservan en la memoria varios de los nombres de oficiales y suboficiales que se pusieron a la par de su tropa para hacer frente a un enemigo armamentística y logísticamente superior. De allí el noble concepto que guardan del suboficial mayor Miguel Saraza, a quien siempre saludan con afecto y reconocen como a un militar de ley, camarada de sus camaradas.

En total, el RI1 se presentó ante el enemigo inglés con 4 Secciones, cada una de ellas conformada por un Pelotón Comando, 1er. Grupo, 2do. Grupo, 3er. Grupo y Grupo Apoyo. La estructura orgánica de cada Grupo era de nueve soldados mandados por un suboficial, pudiendo ser éste un Sargento 1º, un Sargento, un Cabo 1º o un Cabo. La plana mayor del RI1, se componía de:

Jefe, CAPITAN Humberto Hugo Pasqualetti

Subjefe, SUBOFICIAL MAYOR Miguel Saraza

Grupo Comando 

Jefe, SARGENTO 1º José Chirivino

Estafeta, SOLDADO Alberto Giménez

Estafeta, SOLDADO Sergio Lavaise

Radio Operador, SOLDADO Jorge Longueira

Conductor, SOLDADO Luis Baggio

Y se deben agregar los efectivos que, como se ha dicho, arribaron a Malvinas el 8 de junio de 1982, y que regresaron a suelo continental el 19 de junio a El Palomar, Provincia de Buenos Aires. El jefe de esta última tropa fue el teniente 1º Carlos Ferrari del Sel, quien revistaba en la Compañía de Comando del RI1. Sus más inmediatos subalternos fueron el sargento Ramón Antinori (de la Compañía Comando y Servicio del RI1) y el cabo 1º Julio Ramírez (de la Compañía C “25 de Mayo” del RI1).

12 de junio de 2009. En los cuarteles del Regimiento de Infantería I ‘Patricios’ en Buenos Aires quedaba inaugurado del monumento al soldado Bastida, caído en 1982. Observan la máscara, hecha por Oscar Turone, el soldado VGM Daniel Orfanotti y la madre de Bastida, la Sra. María Vidriales.

El 14 de marzo de 1983, varios de los suboficiales y soldados del Uno Grande lucieron en sus pechos la Medalla por la Campaña por Malvinas, que les fue otorgada por el Comandante en Jefe del Ejército Argentino, hecha en plata y con un peso de 30 gramos.

El anverso de dicha presea tiene, “En el campo, dentro de corona de ramos de laurel unidas por cinta, leyenda en seis líneas: /COMBATIO / CON GLORIA / POR LA / LIBERTAD Y/ HONOR / ARGENTINO /. Borde resaltado.”.

Por su parte, los elementos del reverso son “En el campo superior: Sol figurado con doce rayos, corona de laureles unidos con moño, en el perímetro: / EJERCITO ARGENTINO /, leyenda superior en tres líneas: / RI 1 / <<CAMPAÑA MALVINAS>> / 1982 /.”.[9]

Para terminar con esta extensa nota, el 12 de junio de 2009, a veintisiete años de la caída en combate del soldado Claudio Bastida, el Regimiento ‘Patricios’ inauguró un monumento consistente en una máscara del héroe que fuera realizada por mi padre, Oscar A. Turone, y que yace ubicada a escasos metros del área perimetral de la unidad que da sobre la avenida Bullrich, en el barrio de Palermo.

En dicha ocasión, descubrieron el monumento la madre de Bastida y el soldado VGM Daniel Orfanotti. Muy honda emoción causó en todos los presentes el descubrimiento, tanto en quienes habían sido sus camaradas, como en los familiares y efectivos en actividad del RI1. Aquella vez, el entonces Jefe de la unidad, Cnl VGM Gabriel Bao, pronunció un discurso en el que comparó la muerte heroica de Bastida con la del teniente coronel Duarte Ardoy en 1973, la del coronel Manuel Rosetti en la Guerra del Paraguay y la de Orencio Pío Rodríguez cuando las Invasiones Inglesas. Nada más justo que una tal comparanza.

 

Por Gabriel O. Turone

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Referencias:

[1] “Reseña histórica de la infantería argentina, 1969-1994”, Comisión del Arma de Infantería “Inmaculada Concepción”, Ejército Argentino, 1995, página 21.

[2] El RIM6 tenía su asiento en la ciudad de Mercedes, Provincia de Buenos Aires. A partir de 1992 fue trasladado a Toay, en La Pampa.

[3] La Compañía B “Curupaytí”  es la que desplegó mayor cantidad de tropa del RI1 en Malvinas.

[4] Video de 3’19’’ grabado por el que suscribe, el 12 de junio de 2009.

[5] En estas acciones llegaron a haber enfrentamientos con bayoneta.

[6] Nota “Estabilizóse  la línea principal de las defensas”, diario La Nación, domingo 13 de junio de 1982, página 6.

[7] Por sugerencia médica, dicha esquirla jamás le fue extraída.

[8] Si la intervención no es rápida y efectiva, quien padeciera de pie de trinchera se ve expuesto a la amputación de dedos o de sus pies. Los síntomas más característicos son el entumecimiento de las extremidades, fuertes dolores y hormigueo.

[9] “Patricios de Buenos Aires. Historia del Regimiento 1 de Infantería”, de Isidoro J. Ruiz Moreno y Miguel Ángel De Marco, Edivérn, 2000, pp. 234-236.

Prensa JR
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