ORIGEN HISTORICO Y ETIMOLOGICO DE LA PALABRA “TUCUMAN”

ORIGEN HISTORICO Y ETIMOLOGICO DE LA PALABRA “TUCUMAN”

El origen etimológico de <<Tucumán>> pudo haber derivado de un cacique del pueblo aborigen Solco –los auténticos tucumanos, dicho sea de paso- que se llamó “Sucumán”. Los Solcos eran de la etnia diaguita[1], y las primeras crónicas que se encargan de anotar su existencia, por el hombre blanco europeo, datan del año 1608.

En el Archivo Histórico de la provincia de Tucumán, en la sección Documentos Coloniales, una carta fechada el 21 de junio de 1608 da el nombre de un indio Solco llamado Cristóbal Yuman, quien estaba encomendado al vecino de San Miguel de Tucumán, don Melián Leguizamón y Guevara. De términos como Yuman pudieron surgir, más tarde, los derivados patronímicos “Tucma”, “Tucman” o “Tucumán”.

Garcilaso de la Vega (1503-1536), aquel ilustre toledano que fuera poeta y militar, ya hablaba, al igual que Pedro Cieza de León (1520-1554), del “Reino de Tucma” como parte integrante del vasto Imperio Inca, el cual, como sabemos, llegó a dominar parte del contemporáneo territorio noroeste de la Argentina[2]. De este modo, Cieza de León va a anotar en los siguientes términos el momento en que el embajador de Tucma, y otros de igual investidura, se presentaron ante el Inca Yupanqui para incorporarse a su imperio:

“Todos estos embajadores debieron sucesivamente describir la topografía, feracidad o pobreza de sus tierras, para que los Amautas y Quipucamayos[3] del Imperio del Sol [Inca] tomaran memoria de ellas. De todas las descripciones escuchadas, la de TUCUMAN, debió merecer especialísima atención del Inca. Se le hablaba de una tierra fértil, generosa y abundante, de espesos bosques e innumerables ríos en contraposición de campos yermos, de secadales y de arenas. Tucumán para el Inca aparecía como un frondoso jardín…”[4]

El nombrado Garcilaso sugirió, asimismo, que aquello que los Incas llamaban “Reino de Tucma”, para los españoles era, ni más ni menos, que la recientemente descubierta zona del Tucumán gracias a la expedición militar llevada a cabo por el Conquistador don Diego de Rojas en 1543.

TUCMA, TUCUMANAHAHO, TUCUMANITA 

En 1745 el Padre Pedro Lozano escribe su Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, en una de cuyas líneas afirma que “El nombre de Tucumán se tomó de un cacique muy poderoso del Valle de Calchaquí llamado TUCMA, en cuyo pueblo que decía TUCUMANAHAHO plantó su primer real el capitán Diego de Roxas”.

A lo dicho, no obstante, cabe agregar que ningún cronista de los tantos que acompañaron a los Conquistadores en sus expediciones hace mención al nombre Tucma para designar a cacique alguno, motivo suficiente para, al menos, dudar de lo afirmado por el jesuita Lozano.

Así es como tenemos con lo antedicho una primera aproximación del nombre que designa a la provincia argentina donde se declaró la Independencia Política en 1816. Pero la afirmación del religioso Lozano padeció algunas rectificaciones gracias a la exhumación de nuevas fuentes investigativas hurgadas por, entre otros, el doctor Manuel Lizardo Borda y el historiador Roberto Zavalía Matienzo[5]. Éste encontró que ya en el año 1683 –muchas décadas antes de lo sentenciado por Lozano-, otro hombre de la Iglesia, el Padre Eugenio Verdugo Garnica, daba por cierto la existencia de un pueblo aborigen llamado “Tucumanita” dentro del hoy territorio provincial que, en alguna época, tuvo cierto florecimiento, auge, pero que “agora está destruido”. Al respecto del emplazamiento “Tucumanita”, el mismo desapareció en 1632 luego de ser incendiado por orden del cacique Chelemín quien, junto a su tropa compuesta de “cuatrocientos calchaquíes” invadió la comarca hasta no dejar rastros de la misma.[6] Si hacia finales del siglo XVII el pueblo Tucumanita ya no existía, es probable que jamás haya llegado a conocimiento de Lozano en sus averiguaciones de la centuria siguiente.

Otro padre de la expeditiva Iglesia Católica que vino con los Conquistadores, hablamos del cura Cristóbal de la Torre, a la sazón Superior del Colegio de Samalamao en los Valles Calchaquíes, ya daba cuenta en una carta fechada el 25 de mayo de 1619 de otro poblado al que conoció bajo el nombre de “Tucumanao”. Según parece, este pueblo estaba cercano a otros tales como Ambirigasta y Bombola, continuaba expresando De la Torre.

Carta geográfica de las provincias de la Gobernación del Río de la Plata, Tucumán y Paraguay (detalle), 1685.

También existe otra prueba, como la de una carta de marzo de 1631 que redactó un vecino de esta comarca, de nombre Francisco de Acevedo, quien asevera que vivían “veinte indios con mujeres e hijos de los que caben en la cuarta parte de los pueblos y repartimientos de Tucumangasta e Ingamaná que caen bajo del Valle de Anguinahao…”. Anotemos, pues, este otro término de “Tucumangasta” a la serie que venimos enumerando.

ETIMOLOGIAS DE <<TUCUMAN>>

En el libro Folklore Calchaquí (1897), el sanjuanino Adán Quiroga descompone en dos el nombre de nuestra querida provincia. Por un lado, tenemos Tucu que quiere decir “que acaba” y, por el otro, Man, que significa “en dirección a”. Al unir ambos significados quedaría “Dirección donde acaba”, y esto tendría algún sentido si, como afirma Quiroga, en Tucumán “Acaba la dominación o marca del Inca”, porque donde hoy ubicamos a la provincia de Tucumán era, en tiempos del Imperio Inca, uno de los últimos confines geográficos hasta donde llegaba su poderío y expansión.

Ahora bien, también afirma Quiroga que el término Tucu o Tacu quería significar “Algarrobo o algarrobal”, y entonces “Tucumán” bien podría querer decir “Hacia o el lugar de los algarrobos”; o sea, “en dirección a” ese tipo de árboles que predominan en el suelo de la referida provincia argentina. También hay allí una abundancia de “coleópteros de ojos muy brillantes que se denomina Tucu o Tuco y que muy bien Tucumán pudiera traducirse por “Hacia los tucu” o “el país de los tucus””, concluye Quiroga.

Los españoles, ya como dueños de la situación en la región del Tucumán, oyeron con bastante frecuencia de los primitivos habitantes las voces “Yucuma” o “Yucumán”, haciendo de ello prodigiosas anotaciones en sus diarios de viaje los cronistas que acompañaban a los expedicionarios. Más que nada, los indios de la etnia Tonocotés, antiguos pobladores sedentarios de la zona, eran los que utilizaban aquellas voces, como también esta otra de “Çucuma”. Digno de rescatar, es que en el idioma de otra etnia aborigen de Tucumán, la de los Panos, Sucu quería decir “Grande”.

Y a propósito de grandeza, el explorador Pedro Gutiérrez de Santa Clara (1521-1603) que se adentró con Diego de Rojas y sus compañeros en el inhóspito “Reino de Tucma”, anotó en su diario: “Llegaron a la gran provincia de Tucumán, que era poblada de gente feroz y de INDIOS ALTOS DE CUERPO y bien dispuestos, que parecen MEDIO GIGANTES…”.

El estudioso Adán Quiroga afirmaba que las voces “Tucu” o “Tacu” querían decir “Algarrobo o algarrobal”. En imagen, especies arbóreas de Córdoba del Tucumán, donde se indica al “Algarrobo blanco y negro” con el número 5.

Y más adelante, para confirmar el semblante de los naturales, agrega que al Conquistador Rojas “le salió al encuentro un cacique principal llamado Canamico con mucha cantidad de indios. Eran estos indios GENTE ALTA bien dispuesta, y traen conforme su estatura los arcos con que pelean”. El Dr. Manuel Lizardo Borda admite que “Resulta indudable, por lo tanto, que los indios de la provincia de Tucuma o Sucuma fueron de cuerpo formidable: muy altos, medio gigantes pero bien proporcionados, es decir espléndidos ejemplares de hombres”. Aquí, bien podríamos estar ante otra acepción etimológica del origen del nombre Tucumán, que quizás tenga que ver con el gigantismo que presentaban sus primitivos habitantes.

Como vemos, y ya para ir finalizando, no hay una teoría única que explique el nombre con que ahora conocemos al “Jardín de la República”, pero sí una aproximación como para continuar con su intrincada y zigzagueante búsqueda.

 

Por Gabriel O. Turone

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Ilustración de portada: Mapa de la zona de Tucumán (detalle) confeccionado por los Jesuitas, año 1657. Sombreado en color rojo se lee la palabra “Tucumanita”.

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Referencias:

[1] La tribu Diaguita fue guerrera por antonomasia, así es que opuso tenaz resistencia a la avanzada Inca (mediados del siglo XV) y luego a los Conquistadores españoles (a partir del año 1543).

[2] Más claramente, las hoy provincias de Jujuy, Salta, Catamarca y partes de Santiago del Estero y Tucumán.

[3] Los Amautas eran aquellos historiadores o educadores quichuas que anotaban los relatos del pasado histórico para luego recitarlos en las festividades dedicadas a la deidad del Sol. En cambio, los Quipucamayos eran una suerte de contadores y administrativos que pertenecían a los estamentos burocráticos del Imperio Inca.

[4]Etimología de la voz Tucumán”, de Roberto Zavalía Matienzo, Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, 1974, página 29.

[5] Don Roberto Zavalía Matienzo era oriundo de Tucumán, provincia en la cual se formó como historiador e investigador de fuste. Su currícula dice que Zavalía Matienzo fue Miembro Fundador del Instituto de Estudios Históricos y Sociales Argentinos “Alejandro Heredia”, en los años 60 del siglo XX, y Director del Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán promediando la década de 1970.

[6] “Historia de la Provincia del Paraguay y de la Compañía de Jesús”, Tomo I, de Nicolás del Techo, 1897, Página 297.

Prensa JR
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