BREVES HISTORIAS DE NAVARRO, A 250 AÑOS DE SU CREACION

BREVES HISTORIAS DE NAVARRO, A 250 AÑOS DE SU CREACION

Próximo a cumplir 250 años de historia, el pueblo San Lorenzo de Navarro se constituye en uno de los más antiguos de la Provincia de Buenos Aires. Nunca, desde entonces, ha perdido su condición rural, como tampoco flaquearon, en la memoria de sus habitantes, las huellas imborrables que en él supieron dejar personalidades de la talla de Manuel Dorrego o Juan Moreira, por nombrar a las más emblemáticas y recordadas.

El que suscribe, ha transitado sus calles y ha podido hablar con sus personajes característicos, como el recientemente fallecido don Samuel Caraballo [1], cantor y hombre de a caballo como el que más, o sino obteniendo la sólida palabra de Daniel Di Trana, propietario de la última pulpería en pie, hoy convertida en museo privado y que también fuera morada tangible del gaucho Moreira, allá por la década de 1870. Y en esta brevísima introducción, no puedo olvidar tampoco al señor Raúl Lambert, apasionado navarrense y Secretario de Cultura de su pueblo que, todos los fines de semana, recrea en el Museo Almacén “La Protegida” la remembranza de aquel pasado pionero en que la comunión de gauchos y gringos ayudó a labrar ese mojón civilizatorio que comenzó amparado por la Villa del Luján en el lejano año de 1767.

Don Samuel Caraballo en su morada. Lazos, frenos, camisa blanca abierta y ojos azules. Fue un genuino exponente del gaucho de estos pagos. La imagen corresponde al 15 de enero de 2010.

Don Samuel Caraballo en su morada. Lazos, frenos, camisa blanca abierta y ojos azules. Fue un genuino exponente del gaucho de estos pagos. La imagen corresponde al 15 de enero de 2010.

Estas humildes anotaciones, pues, van dedicadas a todos ellos, mis amigos.

LA “CASA MUÑECAS” Y LOS CROTOS 

Se conoce a este emblemático solar bajo el nombre La esquina de Muñecas, o sino como Casa Muñecas. Eso era más acá en el tiempo, porque antes estaba allí el almacén de Ramos Generales de Alfonso García, con típica balaustrada, rejas de fina terminación y palenques para los caballos, detalles arquitectónicos de los años 1880 y 1890, aunque tratándose de Navarro puede ser aún más antiguo. Está ubicado en la esquina noroeste de la plaza Dorrego, en la intersección de las calles 20 y 111.

Di Trana me ha contado que García fue “dueño en vida de la Ea. Las Aromas y de otros campos más”, y propietario de la chata de transporte que hacía el camino entre Navarro y Buenos Aires. En Las Aromas “podías encontrar entreverados animales de toda especie y razas”, desorden que continuó un hijo de Alfonso apodado Lucho.

Almacén de Ramos Generales de Alfonso García. Los crotos ayudaban al dueño a descargar allí la mercadería que llegaba en el ferrocarril de Navarro.

Almacén de Ramos Generales de Alfonso García. Imagen gentileza: Raúl Lambert.

El almacén de Ramos Generales de Alfonso García estaba constituido de típica barra o mostrador de pinotea en forma de ‘L’, siendo sus parroquianos hombres de rastras, bombachas, pañuelo al cuello y facón. Di Trana también me acerca otros datos de sumo interés, como ese que dice que cuando Lucho García era enviado por su padre Alfonso a la estación de trenes de Navarro, le llevaba comida a los crotos que venían viajando de ¡Dios sabe dónde!, pero a cambio de que luego esos linyes lo ayudaran a Alfonso García a descargar la mercadería que arribaba para el almacén.

Sobre el lateral izquierdo del solar se ubica la antigua casa familiar de los García, la cual se conserva intacta y donde, según previsiones de Di Trana, podría estar viviendo una hermana de Lucho que “noventa y pico ha de tener”.

RELIQUIAS DE LAS PRIMERAS CAPILLAS 

En el transcurso del año 2015, y por iniciativa del Secretario de Cultura de Navarro, Raúl Lambert, fue rescatada del olvido la cruz principal que lució en la segunda capilla San Lorenzo Mártir que tuvo Navarro, la misma que fue construida

“en 1837 de ladrillo cocido de 29 y media varas de largo por nueve cinco sextas de ancho y un pórtico al frente, contando con dos sacristías, siendo una iglesia regular.”[2]

Esta segunda capilla fue demolida en el año 1864 para dar paso a la actual, inaugurada que fue el 11 de septiembre de 1870. Fue muy curioso el episodio de la cruz, puesto que la misma se encontraba, sin ningún cartel identificatorio, en el cementerio del pueblo.

Antigua cruz que lució en lo alto de la Capilla levantada en 1838 bajo los auspicios de Juan Manuel de Rosas.

Antigua cruz que lució en lo alto de la Capilla levantada en 1837 bajo los auspicios de Juan Manuel de Rosas.

Por su parte, la campana que lució la primera capilla navarrense, fue enviada al Plata desde la ciudad de Amsterdam, Holanda, donde la habían fundido en 1786, y colocada aquí para su exaltación. Antes se procedió a grabar el año de su fundición y el lugar donde la misma se llevó a cabo. Como dato de color, la primera misa católica celebrada en San Lorenzo de Navarro aconteció en 1791. A su vez, Beto Martino me arrimó los siguientes datos arquitectónicos de esa primera capilla u oratorio. Dice así:

“…el 7 de noviembre de 1797, se autorizó construir un oratorio, siendo el mismo de techo de esparto y paredes de terrón, constando de una pieza y sala, la campana estaba colgada de un añoso tala, el 20 de octubre de 1807, se construye y bendice la primera capilla construida de adobe crudo de 16 y media vara de largo por 6 y media de ancho, puertas, dos ventanas, un techo bien enmaderado y su correspondiente sacristía.”[3]

Esta es la campana que fue traída en 1786 desde Amsterdam, Holanda, para ser colocada en el primer oratorio de Navarro. Por fortuna, la reliquia fue recuperada del olvido.

Esta es la campana que fue traída en 1786 desde Amsterdam, Holanda, para ser colocada en el primer oratorio que tuvo Navarro. Por fortuna, la reliquia fue recuperada del olvido.

Igual que como aconteciera con la cruz, la campana fue recuperada por gestión de Raúl Lambert de una especie de altillo donde, simplemente, acumulaba tierra y mazmorras. Por eso mismo, en la actualidad tanto la cruz como la campana están exhibidas en el paredón del costado izquierdo de la Iglesia de Navarro –mirándola de frente-, acompañadas, ambas piezas, con cerámicas que contienen una somera descripción y explicación de su derrotero. Dichas cerámicas fueron confeccionadas por el Taller de Cerámicas de Navarro, propiedad de P. González Casal, el 30 de abril de 2015.[4]

LA NECROPOLIS DEL PUEBLO 

El ingenio popular de Navarro impuso una frase mordaz, que dice más o menos así: “Todos vamos a parar por la 24 al fondo”. Es que, yendo derecho hasta donde concluye la calle 24, se llega al cementerio de estos pagos, ahí donde la llanura y el verdor empiezan a sus anchas, justamente en los confines del casco urbano. Pero por mordaz, la frase no deja de señalar lo irreversible, pues todos, alguna vez, irán a parar a ese sitio.

Como toda necrópolis pueblerina, la de Navarro tiene sus pequeñas grandes historias y sepulcros ilustres. Fuimos la tarde del domingo 14 de julio de 2016 a recorrerlo yo y mi padre junto con el amigo Daniel Di Trana, quien nos hizo de guía.

En la pared posterior del cementerio yace un portón enrejado original, el cual contiene, de forma semicircular, la inscripción que sigue: “EL VECINDARIO DEL PARTIDO BAJO LOS AUSPICIOS DE LA MUNICIPALIDAD EN 1857”. Di Trana nos indicó a que observáramos los diseños que acompañaban a la leyenda anterior: se trata de dos pares de guadañas cruzadas, ubicadas al inicio y al final de la frase. Muy sarcástico.

Curioso enrejado del cementerio local que data de 1857, según se advierte en la leyenda. Nótese el detalle de las guadañas cruzadas.

Curioso enrejado del cementerio local que data de 1857, según se advierte en la leyenda. Nótese el detalle de las guadañas cruzadas. Imagen gentileza: Raúl Lambert.

Las tumbas más antiguas son de la década de 1860, más que nada de víctimas de la epidemia de cólera que azotó Navarro en el año 1868. Son de fácil identificación por varios motivos, uno de ellos la añeja arquitectura de las bóvedas, que se están descascarando producto de los palan-palan que nada respetan. Los vecinos recuerdan, más que nada por la tradición oral, el nombre de varios extintos por el cólera, a saber: doña Antonia Martínez, Benjamín y Luis Dupaty (padre e hijo) y la casi totalidad de la familia Peñalba.

En uno de los sectores más antiguos de la necrópolis hallamos la placa marmórea de Juan Sánchez, fallecido el 14 de agosto de 1879 a los 48 años de edad. “Este Sánchez –acotó Di Trana- fue testigo presencial de uno de los crímenes del gaucho Juan Moreira”. Al parecer, está sepultado con un hermano suyo de nombre Miguel Sánchez, y la susodicha placa tiene tallada, en la parte superior central, una corona de flores en cuyo círculo interior se alcanza a leer “RECUERDO DE AMISTAD”.

Placa de mármol que señala la tumba de Juan Sánchez. Él presenció una muerte del gaucho Juan Moreira en Navarro.

Placa de mármol que señala la tumba de Juan Sánchez. Él presenció una muerte del gaucho Juan Moreira en Navarro.

Famosa –y añeja- es la tumba de la familia Moll, apellido ilustre de estas comarcas que le dan nombre a la localidad de Villa Moll, una de las cuatro que existen dentro del Partido de Navarro.[5] Pertenecientes a la Unión Cívica Radical (UCR), uno de los integrantes de la familia, don Justo Moll, fue Intendente de Navarro en dos oportunidades, la primera entre 1906 y 1908, y la última, ya en tiempos de Hipólito Yrigoyen, desde el 4 de mayo de 1918 y hasta febrero de 1921. Las placas de bronce que hemos visto colocadas en las paredes de su sepultura dan cuenta de que su deceso se produjo el 10 de febrero de 1921, y que sus amigos lo recordaron como una personalidad imbuida de tres valores hoy perdidos: noble, recto y leal.

Rememorando aquel pasado radical, varias décadas más tarde fue colocada otra placa, de menores dimensiones a la anterior, en homenaje a Justo Moll, firmada, esta vez, por la Unión Cívica Radical del Pueblo, fracción partidaria que llevó a la presidencia al Dr. Arturo Umberto Illia, quien, precisamente, había visitado la localidad de Navarro en 1964.[6]

Bóveda de la familia Moll, fundadora de la localidad homónima del Partido de Navarro.

Bóveda de la familia Moll, fundadora de la localidad homónima del Partido de Navarro.

Antes de que existiese el cargo de Intendente, la máxima autoridad navarrense la ostentaba el Presidente de la Comisión Municipal. Esa investidura recayó, en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), en la humanidad de Modesto J. Moll. Además de hombre público también alcanzó el grado de Capitán de la Guardia Nacional que estaba acantonada en Navarro. Según parece, en aquellos años de levas Modesto Moll iba por los campos en busca de paisanos dispuestos a calzarse el quepis y el reglamentario uniforme de soldado. Como en toda guerra, nadie quería ir a pelear por una causa extraña e injusta, como la que se estaba librando en territorio guaraní, por eso muchos se negaron a enrolarse en el Ejército.

¿Qué hacía, entonces, el capitán Modesto J. Moll? Mi amigo Di Trana me confiesa, merced a su inquietante búsqueda de documentación y archivos de ese tiempo, que Moll les cobraba la suma de 5000 pesos fuertes a cada uno de los gauchos que no quisieron ir a pelear al Paraguay, a cambio de que no tuviesen problemas con la ley. De acuerdo a Di Trana, “al capitán Modesto Moll se le conocen, con datos comprobados, al menos 15 casos como estos”. De todas maneras, existe la creencia de que, con parte del dinero que juntó, Modesto Moll hizo terminar la actual Iglesia de Navarro.

Sabemos que falleció el 18 de octubre de 1869 a la edad de 47 años. La lápida de su desaparecida sepultura la conserva Daniel Di Trana en la Pulpería “de Moreira” de su propiedad.

Aquí yacen los integrantes de la familia Dupaty, que fue devastada por el cólera de 1869.

Aquí yacen los integrantes de la familia Dupaty, que fue devastada por el cólera de 1869.

El sepulcro de Heraclio Echegaray es otro de los que merece un párrafo aparte. Era don Heraclio hijo de un policía de la Provincia de Buenos Aires que intentó, en reiteradas ocasiones, perseguir de muerte al gaucho Juan Moreira. Su abuelo, don Miguel Echegaray, fue el dueño de los terrenos donde funcionó el Campamento o Comandancia Brujas, que en la época de Rosas servía para mantener engrillados y en calabozos a salvajes unitarios de la zona. Este valioso dato de Navarro y alrededores me lo brindó Di Trana, quien agrega que Brujas está hoy dentro de un campo privado”. Todo aquel que, con previo permiso de los dueños, se adentra en sus terrenos, experimenta sensaciones fuera de lo común. “Uno se siente observado mientras deambula por la zona, y hasta yo mismo llegué a escuchar ruidos de cadenas arrastrándose y de ánimas en sus alrededores”, me confesó Di Trana una noche en que apurábamos unas achuras que se asaban quejumbrosas.

En la Pulpería "de Moreira", de Daniel Di Trana, existen dos ladrillos originales del Campamento Brujas.

En la Pulpería “de Moreira”, de Daniel Di Trana, existen dos ladrillos originales del Campamento Brujas.

LA FUNDACION DEL FORTIN 

El acta fundacional de la Guardia de San Lorenzo de Navarro obra en el Archivo General de la Nación (AGN), y tengo una copia digitalizada gracias al renombrado Di Trana. Se trata de una carilla y media en la cual se establece el nacimiento de este hermoso pueblo bonaerense que está cumpliendo, nada más y nada menos, que 250 años de rica historia.

No alargaremos más la ya de por sí extensa nota que presentamos, pero sí es digno de mención el motivo principal de por qué nace Navarro. Anota el historiador revisionista Ricardo Tabossi, que la invasión de los indios pampas a la Villa del Luján, el 27 de julio de 1744, preocupó a las autoridades de entonces, en especial al regidor Juan de Eguía, quien el 26 de septiembre de ese mismo año presentó

“un proyecto sobre construir fuertes en las fronteras de cada pago y en sitios cómodo según el dictamen de los prácticos de la campaña y capitanes de milicias.”[7]

Así, pues, se pensó en el establecimiento “de la primera línea de defensa permanente” que estaría consolidada con la erección de destacamentos y fortines. A comienzos de 1745 Arrecifes, Luján y Matanza, por nombrar algunos puntos geográficos, comenzaron a darle vida a la campaña provincial gracias a la rústica construcción de “defensas o fuertes de estacada” que estaban hechas por gauchos soldados mandados a esas zonas para cubrir aquella finalidad.

Don "Tito" Domínguez, otro cultor de la tradición, posa en el predio que recrea el Fuerte o Guardia de San Lorenzo de Navarro fundado en 1767. Este paisano es su cuidador desde hace varios años.

Don “Tito” Domínguez, otro cultor de la tradición, posa en el predio que recrea el Fuerte o Guardia de San Lorenzo de Navarro fundado en 1767. Este paisano es su cuidador desde hace varios años.

La presencia militar estuvo signada por la creación, en 1752, de los Blandengues de la Frontera, cuerpo al que Tabossi caracteriza como de “verdadera joya del ejército argentino en su período hispano-indiano”. Los Blandengues tuvieron a su cargo el cuidado de Luján, Zanjón y Salto, y las Milicias que habían construido las primeras fortificaciones en 1745 contribuyeron con su esfuerzo a sostener las demás zonas, casi todas pauperizadas por los malones, la mal paga y la enorme sequía que tuvo lugar en 1767.

Sobre el fenómeno de la seca, hubo que reacomodar el ganado hacia otros terrenos más propicios para el pastoreo. “Las vacas –explica Tabossi-, que nada sabían de pactos, tratados y fronteras convencionales (…) trasponían los límites jurisdiccionales retirándose afuera de las fronteras, con el gravísimo peligro de que los indios las arreasen a su entera satisfacción”.[8] La marcha del ganado fue el motivo que hizo extender aquella línea de frontera inicial.

Finalmente, el 30 de abril de 1767, Juan Antonio Marín, a la sazón comandante del Regimiento de Dragones Provinciales, mandaría solicitar la creación de la Guardia San Lorenzo de Navarro al gobernador Bucarelli, recibiendo una respuesta afirmativa. Una réplica exacta de dicha guardia se recreó, basada en planos originales, en un predio del pueblo, y que está administrada por el paisano Tito Domínguez.

Documentos con el registro de marcas pertenecientes al año 1828, cuando gobernaba la Provincia de Buenos Aires el general Juan Galo de Lavalle. Estas piezas documentales están en el Museo "Manuel Dorrego" de Navarro.

Documentos con el registro de marcas de hacendados navarrenses pertenecientes al año 1828, cuando gobernaba la Provincia de Buenos Aires el general Juan Galo de Lavalle. Estas piezas documentales están en el Museo Biográfico “Coronel Dorrego” de Navarro.

Desde entonces, este pueblo no ha parado de generar sustanciosos aportes al acervo histórico y tradicional de la argentinidad. En contrapartida, no omitimos la herida de muerte causada contra una de sus máximas figuras, que recae en la humanidad del coronel Manuel Dorrego, que aún espera la justa reivindicación como prenda de unidad de todo el pueblo de la patria hacia su irrenunciable destino de grandeza.

Por Gabriel O. Turone

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Observación: para ver en detalle las imágenes abrirlas en una ventana nueva.

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[1] Falleció el sábado 8 de abril de 2017 cerca de las 19 PM, a la edad de 87 años.

[2] Estos datos precisos me los facilitó, mediante un correo electrónico fechado en 19 de abril de 2017, el antiguo empleado ferroviario don Carlos Alberto Beto Martino, actual director del Museo Ferroviario que funciona en el edificio de la estación de trenes de Navarro.

[3] Ídem cita anterior.

[4] En las cerámicas, se explica que respecto a la campana “se conoce fehacientemente que pendía del campanario de la capilla del año 1848”, presumiéndose que, a su vez, “perteneció al primer Oratorio (1797)”.

[5] Las restantes localidades del Partido son Navarro, Las Marianas y Juan José Almeyra.

[6] Al momento de este escrito, mayo de 2017, Illia fue el único presidente de la Nación que visitó el pueblo de Navarro en la historia.

[7] “Sobre los más remotos orígenes de Navarro”, de Ricardo Tabossi, Junta de Estudios Históricos de Navarro, Imprenta Amanecer, 1987, página 11. La obra fue prologada por el Dr. Alfredo Antonio Sabaté, juez de Paz y Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Navarro.

[8] Op. cit, página 13.

Prensa JR
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