EL MUSEO BARRIO DE FLORES, CUSTODIO DE 212 AÑOS DE HISTORIA

EL MUSEO BARRIO DE FLORES, CUSTODIO DE 212 AÑOS DE HISTORIA

Con mucha alegría, quienes profesamos una sincera admiración por el barrio porteño de Flores, no podemos dejar de reconocer la iniciativa de Roberto D’Anna de inaugurar un museo en su memoria. Es, sin dudas, un anhelo buscado desde hacía mucho tiempo, y tan grande era el entusiasmo de este florense de alma que, advertidos de su ambición, le hicieron una nota en el diario “Clarín” que se publicó el 18 de marzo de 2018.

D’Anna, fiel a un estilo, decidió ponerle una fecha más que simbólica a la apertura del Museo “Barrio de Flores”: el 10 de noviembre, Día de la Tradición. Y San José de Flores, para el caso, nació en 1806 gracias a esos primeros habitantes que, entre hombres dedicados al progreso y gauchos y paisanos de la campaña adyacente a Buenos Aires, le forjaron a ese primitivo pueblo campañal una impronta tradicional que ahora, a más de doscientos años de su fundación, tiene un propio recinto que resguardará tantos y tantos recuerdos.

Puede advertirse, de alguna manera, que el lema de este nuevo lugar de la memoria barrial bien podría ser el siguiente: “El museo va a adquirir, conservar, investigar, comunicar y exponer los 212 años de historia”, según lo expresado por D’Anna, director del Museo “Barrio de Flores” y del periódico “Flores de Papel” que en 2018 ha cumplido sus primeros diecinueve años de vida.

VISITA AL MUSEO

En un estupendo petit hotel de la década de 1920, el cual se ubica en la calle Ramón L. Falcón 1893, casi esquina avenida Carabobo, el Museo “Barrio de Flores” se ubica en un lugar neurálgico y reconocido por cualquiera que entienda, mínimamente, sobre algunos episodios acontecidos en Flores. El Museo está a una cuadra de donde estaba el solar de la familia de Juan Nepomuceno Terrero (avenida Rivadavia y Boyacá), donde se firmó el Pacto de San José de Flores en 1859, lo mismo que de las hectáreas que ocupaba el bellísimo –y tristemente desaparecido- Palacio Miraflores que habitara la progenie de Dorrego Miró, en una de cuyas dependencias nacerá la Junta de Estudios Históricos de Flores en 1938.

Es decir, que el Museo yace dentro de lo que denominaríamos como el casco histórico de Flores. Tiene dos pisos, el último de los cuales fue reacondicionado para el dictado de charlas, conferencias y talleres dedicados, en su mayoría, a la investigación del ex pueblo y barrio porteño. Una pantalla gigante más su cañón proyector contribuirán a pasar películas y cortos que se orienten a la búsqueda de lo que significan más de doscientos años de historia. Aquí también se preparó un espacio para memorar los años en que vivió el entonces capitán Juan Perón, junto a sus padres y Aurelia Tizón, su primera esposa, en la calle Gregorio de Laferrère 3259, allá por los años 1926 y 1938.

 

Cuenta el Museo con seis salas, todas impecablemente restauradas, puestas a nuevo, como cuando vivía, aquí, el Jefe del Cuerpo de Bomberos de la Policía de Buenos Aires durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen, don Juan J. Graneros, allá por los años 20 del siglo XX.

En la entrada, nomás, y luego de pasar la recepción donde se abona una módica entrada, el visitante gira a la izquierda para toparse con un sector central que comunica hacia tres de las salas del complejo. Una exquisita medallística dedicada a Flores, compuesta por 31 piezas evocativas, dejan ver la bulliciosa actividad social que ha manifestado el barrio. En la parte central de la vitrina rectangular llama la atención una medalla acuñada por el Banco de la Provincia de Buenos Aires en 1959, a cien años de la firma del Pacto de Unión Nacional o de San José de Flores.

Una de las tres salas de la planta baja del Museo está dedicada a Su Santidad el Papa Francisco, de quien se sabe vivió largos años de su infancia y adolescencia por las calles de Flores. La gigantografía de una carta manuscrita por Francisco, y que lleva por destinatario al director del Museo, vislumbra ese amor entrañable que la máxima figura religiosa del catolicismo guarda en su alma respecto a Flores. “Flores es el barrio en el cual nací y viví hasta entrar en el Seminario. Con un poco de petulancia puedo decir que es mi barrio, mis raíces”, escribió el Papa en uno de los párrafos, mientras que en otro agradece por este nuevo museo que lo recuerda: “Los felicito por la iniciativa”. En unas vitrinas de esta sala, existen fotografías del joven Jorge Bergoglio junto a sus amigos del barrio, así como un listado de todos ellos y las direcciones de sus hogares, entre varios objetos más.

Decenas de postales antiguas, que conmemoraban lugares emblemáticos del viejo Flores, entre ellas una del poeta Baldomero Fernández Moreno con su firma autógrafa y todo, se aprecian en un exhibidor, mientras que otras postales ampliadas, y que muestran edificios tirados abajo por eso que llaman progreso, adornan las paredes del habitáculo. Al mismo tiempo, impacta la presencia de una pieza de incalculable valor histórico patrimonial, como es la primera bandera de gala que se izó en el mástil de la plaza “Juan Martín de Pueyrredón” durante el año 1937 y hasta 1950, en que fue reemplazada por otra. A un costado del cuadro que contiene la bandera, se lee que la pieza fue donada por la Asociación Patriótica San José de Flores.

Saliendo de la sala anterior, hay otra en la que se destaca una vitrina de forma vertical que tiene una cartel singular: “OBJETOS ENCONTRADOS EN LAS CASAS DE FLORES”, en la cual se esparcen diferentes piezas, que van desde boletas de comercios del barrio hasta llaves, sellos de goma, envoltorios de papel picado y juguetes de lata con los que se divertían los niños florenses. Excelente modo de publicitar algo de la historia cotidiana del habitante de este sitio bicentenario, en el sentido de entender con qué pasaban el tiempo, dónde compraban sus alimentos o cuáles eran sus oficios.

EL “PATIO DE LOS POETAS” 

El patrimonio de la colección que D’anna puso a disposición de los vecinos del barrio donde siempre vivió cuenta, además, con afiches de funciones de orquestas de tango –como uno de tamaño monumental que anunciaba a la orquesta de Osvaldo Pugliese en el Cine-Teatro Pueyrredón-, cartas autógrafas de Antonio Marcó del Pont (respetado vecino de Flores, cuyo solar de verano, hoy restaurado, es de 1871), pinturas con el rostro de ilustres que habitaron en su nomenclatura, mobiliario original del petit hotel restaurado y la más importante variedad bibliográfica dedicada a San José de Flores, desde la obra de Rómulo Carbia, de 1906, hasta las más recientes de Arnaldo Cunietti-Ferrando o Ángel Prignano.

Y como Flores ha sido una zona habitada por consagrados escritores y poetas, nada más acertado, pues, que habilitar el llamado “Patio de los Poetas” en homenaje a todos ellos: Fernández Moreno, César Aira, Alejandro Dolina, Canela, Roberto Arlt, Oliverio Girondo, el ácido charlista Juan José Soiza Reilly, Alfonsina Storni, etc., etc.

El “Patio de los Poetas” es un recóndito y ameno espacio que, en la época de la restauración de la casona, conservó la fuente con mayólicas verduscas y todas las cerámicas originales que la circundan. De acuerdo a Roberto D’Anna, en este sector “la gente puede tomar algo, mientras charla o leerá un libro, de los cientos que tenemos del barrio para ofrecerle”.

Las imágenes que hemos captado en nuestra visita hacen, del “Patio…” un espacio antiguo, culto y lleno de prolijo vitalismo, en el que los sabios de Flores nos enseñan su percepción de la vida y de la muerte, del éxito y de los fracasos, de aquellos molinos de viento pero también de los rascacielos y negocios de la orbe actual.

Jóvenes Revisionistas (JR) recomienda, calurosamente, este novedoso emprendimiento privado que, no obstante, busca mostrar, de modo ágil y dinámico, que la historia puede prender entre el público joven a través de contenido audiovisual, la participación y el compromiso ciudadano, y la búsqueda de auspiciantes a fin de sostener una empresa que a todos nutre por igual, pues del Museo “Barrio de Flores” surgirá “nuestro legado para las generaciones futuras: un lugar, un museo que defienda la historia y construya hoy, el futuro”. Nada más auspiciante que una tal provocación en medio de un panorama globalizador al que es necesario hacer sucumbir dando la justa batalla cultural.

 

Por Gabriel O. Turone

Prensa JR
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Entre las actividades que desarrollamos, las mismas son variadas y proficuas: conferencias, jornadas de cine-debate en base a películas que tratan sobre temas históricos y/o intelectuales, homenajes, visitas a lugares históricos, presentaciones de libros, investigaciones en instituciones tales como el Archivo General de la Nación, hemerotecas, bibliotecas, asesoramientos para empresas de índole investigativa, etc.

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