JOAQUIN LENZINA, UN ARTIGUISTA LEAL DE RAZA AFRO

JOAQUIN LENZINA, UN ARTIGUISTA LEAL DE RAZA AFRO

Este prócer de la patria gaucha era afroamericano nacido en Montevideo en el año 1760. Sus habilidades innatas hicieron de él un gran improvisador y payador, a la vez que guerrero de causas justas y nobles.

Lenzina, se dice, de chico estuvo prisionero en el Brasil junto a otros de su misma estirpe, lo que no le impidió saber leer y escribir, si bien sus versos los redacta en castellano ‘castizo’, muy popular entre los lectores de su tiempo. Al ser pronunciadas sus improvisaciones en portunhol, esta mixtura idiomática hace que sus versos de métrica forzada se vuelvan espontáneos y frescos. Entre otros ejemplos de su autoría, veamos el siguiente Cielo:

El portugués con afán

dicen que viene bufando

saldrá con la suya cuando

venha o réi Don Sebastiâo.

 

Cielito cielo que sí

cielo hermoso y halagüeño;

siempre ha sido el portugués

enemigo muy pequeño.

 

Ellos traen facas brillantes

espingardas muy lucidas

bigoteiras retorcidas

y burunfeiros  bufanes.

 

Vosso Príncipe Regente

nâo é para conquistar

nasce usó para falar

mais aquí já é diferente.[1] 

Por el año 1775, Lenzina trabajó como esclavo en ingenios azucareros en la zona de San Pablo, Brasil, luego de que una embarcación con la que había intentado escapar de su condición de esclavitud fuera capturada por piratas a la altura de las islas Malvinas. Sus captores lo vendieron a dichos ingenios junto a otros esclavos más. Veinte años más tarde (1795), y dada su reputación de “negro peligroso”, fue vendido y trasladado a territorio misionero, y adquirido, allí, por don José Artigas, quien para la época era soldado del Cuerpo Veterano de Blandengues de la Frontera de Montevideo.[2]

ACTUACION MILITAR DE ANZINA

Al comprar su humanidad, Artigas le otorgó a Anzina la libertad y lo promovió como soldado. En el aspecto militar, este afroamericano sirvió al “Padre de la Federación” en su condición de liberto, por eso revistará como sargento en el Batallón de Pardos y Libertos de la ciudad de Montevideo. Otros dirán, en cambio, que apenas sí fue soldado del Batallón de Pardos en el Regimiento de Blandengues.

En lo que respecta a milicia alguna de esclavos libertos en la época de Artigas, el primer cuerpo que se conoce de modo oficial es el creado a partir de agosto de 1816, denominado Cuerpo de Libertos. Mandado por el comandante Rufino Bauzá, estaba compuesto “de esclavos entregados por cada dueño proporcionalmente a sus disponibilidades”.[3] Es en este Cuerpo donde, probablemente, haya servido Joaquín Lenzina, ya sea como soldado o como sargento.

Imagen que se suele atribuir a Joaquín “Anzina” Lenzina, el leal ayudante u ordenanza de Artigas. Murió casi a los 100 años de edad.

Cuando se suma a las fuerzas de José Artigas, ya constituida administrativamente la Provincia de la Banda Oriental dentro de la geografía de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Joaquín Anzina Lenzina había adoptado en plenitud la cultura gauchesca de aquel terruño.

Algunos dan en decir, que Lenzina fue uno de los que volvió mesiánica la figura humana y terrenal de Artigas, al esbozar versos que lo comparaban con el rey Salomón y hasta con Moisés, licencia, la última, compartida por célebres poetas como Almafuerte (seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios).

El coronel Ramón de Cáceres[4] recuerda haber presenciado en 1818 un rarísimo episodio de cuando Artigas se había habituado a fumar. Ocurrió cuando Anzina le arrimó a Artigas un tizón que ardía junto al fogón para encenderle a éste un cigarro, el cual, finalmente, no prendió.[5]

EL EXILIO PARAGUAYO

Artigas solía llamarlo Tío Lenzinas en los duros almanaques del exilio, donde su comportamiento al lado del prócer fue intachable. Un hijo natural del mariscal Francisco Solano López, don Juan León Benítez, recordaba en una entrevista que le hicieran por 1944 cuando contaba 102 años de edad, que Joaquín Lenzina “era más robusto que el general [Artigas], de tez morena oscura y cabello enrulado”.

A ambos los recuerda durante una noche de mucha lluvia. Artigas, esa gloria avejentada, le pide a Benítez que pasara la noche junto a ellos en el rancho con techo de paja que tenían en las afueras de Asunción (Ibiray), debido a las inclemencias del tiempo. Mismo Benítez, quien fuera criado y educado por Carlos Antonio López, el padre del mariscal paraguayo, contaba que Lenzina solía descansar en la misma habitación que la de su protegido.[6]

El presidente del Paraguay, Carlos López, actuó con benevolencia frente a los esmirriados Artigas y Lenzina, a quienes proveyó de alimentos y de aquellos enseres básicos para una subsistencia lo más digna posible. Afirmaba Juan León Benítez durante ese reportaje de mediados de la década de 1940, que “tanto él [Artigas] como Lenzina eran ya viejos para trabajar”, por eso el aprovisionamiento alimenticio que el mandatario paraguayo les dispensara a partir de 1840, año de su ascenso al poder.

El suizo Daniel Hammerly Dupuy fue otro de los que oyó el testimonio de Benítez durante una visita que hizo a la antigua quinta del ex presidente Carlos Antonio López en 1928. Allí, entre la variada comidilla soltada por quien de chico compartió momentos de la vida de Artigas y Lenzina, le oyó decir que a ambos les gustaba salir a pescar en un río que había cerca, y que a ellos les agradaba comer pescado.[7]

Un alcalde de Postas de Asunción, de nombre Manuel Joaquín Rodríguez, asiduo visitante de Artigas en el rancho o chacra que tenía en los suburbios de la capital a partir de 1845, recordaba que el prócer “vivía en la pieza del fondo en compañía de su moreno sirviente Joaquín [Lenzina], que trajo de Curuguaty”. La afirmación es exacta: Curuguaty había sido el destino anterior de ambos; allí estuvieron desde 1821 hasta 1845. Aquí, ambos exiliados –aunque su condición era, más bien, la de cautivos- también se dedicaron a tareas de labranza.

Fotografía de Juan León Benítez, hijo natural que fue de Carlos Antonio López, y uno de los que conoció a Artigas en su vejez.

Durante toda la etapa del largo exilio Anzina permaneció, indemne, junto al otrora “Protector de los Pueblos Libres”. El descubrimiento del cuerpo yacente de Artigas, aquel lunes 23 de septiembre de 1850, se debió a su servidor.

Un testigo recordará que el cadáver del gran Artigas fue llevado para su entierro en una carreta de su humildísima chacra, acompañado por apenas un puñado de leales, entre los que se hallaron Ángel Benigno López (hijo del presidente Carlos Antonio López), unos esclavos –entre los que estaba el negro Martínez-, el respetado ciudadano porteño Ramón de la Paz Rodríguez Sagastume, y su leal compañero, el afroamericano Joaquín Anzina Lenzina, entre otros. Los despojos del caudillo oriental fueron conducidos a la Iglesia o Parroquia de la Recoleta, de Asunción, donde el sacerdote Cornelio Contreras labró la correspondiente acta de defunción. Se cerraba una época de valientes y gigantes que habían soñado con la América unida bajo un genuino sistema político federal.

Lenzina le escribió a Artigas, en el aniversario de su muerte, los versos que siguen:

Falleció Artigas

fui su sombra en vida.

Él era la luz amiga:

alumbraba hasta de día.

Murió en el silencio:

no tenía secreto.

Cuando medito y pienso,

lo recuerdo perfecto.

Amaba la libertad,

odiaba la esclavitud.

Aborrecía la maldad,

admiraba la virtud.[8] 

Anzina muere en un momento impreciso entre 1859 y 1860 en el pueblo de Guarambaré[9], distante unos 28 kilómetros de Asunción, cuando a punto estaba de pasar el umbral de su centuria. Sus restos jamás pudieron ser encontrados, pues la destrucción provocada por la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) hizo desaparecer todo rastro de su última morada.

 

Por Gabriel O. Turone

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Imagen de portada: Grabado anónimo que escenifica la muerte de José Artigas, el 23 de septiembre de 1850 en Paraguay. Quien descubre su cuerpo fue su asistente u ordenanza Joaquín Anzina Lenzina, quien aparece en la imagen con una expresión de sorpresa ante la novedad.

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Referencias:

[1] Abella, Gonzalo. “El cielo de la gauchería: Hombres gauchos, mujeres gauchas”, Betum San Ediciones, Montevideo, 2004, pp. 81-82.

[2] Artigas ingresa en condición de soldado en el Cuerpo de Blandengues el 10 de marzo de 1797, tras lo cual ascendió a Capitán y fue transferido, el 27 de octubre de 1797, al Regimiento de Caballería de Montevideo. Revistó en este regimiento hasta el 10 de marzo de 1798, cuando vuelve al Cuerpo de Blandengues ya con el grado de Ayudante Mayor.

[3] Alonso Rodríguez, Capitán Edison. “Artigas. Aspectos Militares del Héroe”, Centro Militar, República Oriental del Uruguay, Montevideo, 1954, p. 173.

[4] Fue lugarteniente de José Artigas hasta la derrota, en 1820, de Tacuarembó. Tenía la característica de hacer poemas y documentar todo cuanto iba viviendo en su vida militar y cotidiana. Había nacido en 1798 en Montevideo, y se educó con los curas franciscanos. Cáceres narró varios episodios de Artigas y su servidor Joaquín Lenzina. En los años posteriores, tuvo períodos en que estuvo con Oribe y con Rivera, indistintamente. Falleció pobremente el 17 de mayo de 1867.

[5] Cáceres, Coronel Ramón de. “Escritos Históricos de la época de la Patria Vieja”, Revista Histórica, Tomo XXIX, Montevideo, 1959, pp. 594-595.

[6] Entrevista realizada por la maestra Elisa Mendéndez en 1944, citado en El Caudillo y el Dictador, de Ana Ribeiro, Planeta, pp. 515-516.

[7] Juan León Benítez falleció en Trinidad, Paraguay, el 8 de marzo de 1945, a sus casi 103 años de edad.

[8] Gaudiano, Pedro. “Artigas Católico”, Universidad Católica del Uruguay, Montevideo, 2004, p. 219.

[9] Fue fundado en el año 1538 por el conquistador Domingo Martínez de Irala.

Prensa JR
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1 Comment en "JOAQUIN LENZINA, UN ARTIGUISTA LEAL DE RAZA AFRO"

  • Mauricio Canabal says

    La imagen que incluyen no es de Joaquín Lenzina sino de Antonio Ledesma con quien durante años se confundió a Lenzina

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