JUAN MAGALLANES, JUEZ DE PAZ DE BARADERO EN LA EPOCA DE ROSAS

JUAN MAGALLANES, JUEZ DE PAZ DE BARADERO EN LA EPOCA DE ROSAS

Había nacido en los pagos de Baradero, Provincia de Buenos Aires, en junio de 1789, siendo sus padres don León Cayetano Magallanes Romero –nacido en 1757 en la cercana San Antonio de Areco- y de doña María Cándida Falcón Peñalva –oriunda de Baradero en el año 1763-. Fue bautizado recién a la edad de nueve años en su pueblo natal, el 16 de octubre de 1798.

Este criollo Juan Antonio Magallanes, alcanzó la investidura de Juez de Paz de Baradero en 1836 cuando Rosas era el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Con un interregno de José Santos Gómez, quien ocupó el cargo entre 1838 y 1840, Magallanes volvió a ser electo el último año de referencia (1840) y manteniéndose en él hasta 1848, cuando fue sucedido por Gerónimo Casco.

Pronto, Magallanes comenzó a tomar parte en aquellas tareas que tenían que ver con la administración de la justicia provincial muy propia de la época que atañe a esta nota. Por eso, lo vemos firmando una sentencia de azotes y restitución de un bien robado que aplicó a un vecino de Baradero, allá por marzo de 1836[1], según se desprende del cuerpo de la siguiente carta:

 

“¡Viva la Federación! 

En Santiago del Baradero a 2 de Marzo del año 1836

Año 27 de la Libertad, 21 de la Independencia y 7 de la Confederación Argentina.

 

Habiéndose pillado infraganti en el robo de una vaca a Antonino Castro y habiéndosele preguntado de dónde la había robado, dijo: haberla traído de la hacienda de Don Patricio Linch y que era de otro Señor la mencionada res. Por tanto, y hallándose indudablemente justificado otro robo, hizo retirar al reo, y estuvo la pluralidad por la condena de veinte y cinco azotes y el pago de la vaca robada a su dueño, en la cantidad de sesenta pesos; con lo que se concluyó esta acta de condena finándola en otro día, mes y año con los testigos de mi actuación.

 

                                                                                               Juan A. Magallanes

                                                                                                                     (firma)”[2]

 

Un acercamiento más preciso del nombramiento de Magallanes como Juez de Paz, indica que fue nombrado como tal a través del Decreto fechado el 1º de enero de 1837, que lleva las rúbricas de Juan Manuel de Rosas y de Agustín Garrigós. En la ceremonia de asunción del cargo, el Juez de Paz saliente le tomaba el siguiente juramento al entrante: 

“Juráis a Dios y a la Patria ser fiel en el desempeño del cargo de Juez de Paz para que habéis sido nombrado, guardando o haciendo guardar las leyes, administrando justicia según vuestra ciencia y conciencia y obedeciendo y haciendo obedecer las autoridades legítimamente constituidas y la forma federal de Gobierno, sancionada por la Honorable Representación de la Provincia.”

A lo que el Juez de Paz designado en su reemplazo debía responder con el “Sí, juro”. Pero, además, el juez saliente le agregará al novato, a modo de recomendación, para que jurara “ser constantemente adicto y fiel a la Causa Nacional de la Federación, sostenerla y defenderla en todos tiempos y circunstancias, por cuantos medios estén a vuestro alcance”, terminada la cual el nuevo mandatario volvía a replicar con el “Sí, juro”.[3] Magallanes asumió el mismo día en que lo hicieron otros jueces de paz de otros pueblos de la campaña bonaerense y de la ciudad de Buenos Aires.

Rúbrica del Juez de Paz de Baradero, don Juan Antonio Magallanes (1789-1861).

Seis días después de ser nombrado Juez de Paz para el año 1837, Juan Magallanes recibió una misiva del edecán de Rosas, general Manuel Corvalán, para el posible y futuro nombramiento de algún cura en Baradero, a fin de que brindara los auxilios espirituales para sus vecinos. Este reclamo lo había solicitado el propio Magallanes el día 4 de enero de 1837 al dirigirle una correspondencia al Restaurador Rosas. En la respuesta, Corvalán le escribe que a su pedido de hombres de la Iglesia para Baradero, “S. E. [Rosas] no olvidará esta importante necesidad, hasta ver si se consiguen algunos que llenen estas grandes necesidades” de brindar la palabra de Dios.

El 13 de diciembre de 1841 casó en segundas nupcias con la criolla Avelina Rodríguez Sosa, en la Iglesia de Carmen de Areco, no teniendo descendencia. Antes, había casado con Leonarda Zensano, con quien tuvo al retoño Juan Martín Magallanes Zensano, el cual habría de nacer en 1829.

Cuando se llevaron a cabo las confiscaciones de los bienes pertenecientes a los unitarios, encontramos en la edición de La Gaceta Mercantil del 1º de enero de 1842, que el Juez de Paz Juan Magallanes remitió al erario público provincial la suma de 18.724 pesos en diciembre de 1841 en concepto de bienes de salvajes unitarios de la zona.

El 13 de diciembre de 1843, Magallanes volverá a ser reelecto Juez de Paz de Baradero, apareciendo el nombramiento en el Decreto Nº 1606 que tenía estampada la firma del Restaurador Rosas.[4]

El 19 de octubre de 1844 le encomiendan al Juez de Paz baraderense a que envíe cierta cantidad de “yeguas gordas” para que los llamados indios amigos tengan qué comer. Es Juan José Obligado, Juez de Paz de San Nicolás de los Arroyos, quien le hace dicha petición en una desconocida carta que transcribimos a continuación:

 

“¡Viva la Confederación Argentina!

¡Mueran los Salvajes Unitarios!

 

Al Comandante Accidental                                                    San Nicolás, octubre 19 de 1844.

Del Departamento del Norte                             Año 35 de la Libertad, 29 de la Independencia

y 15 de la Confederación Argentina.

 

Al Sr. Juez de Paz D. Juan A. Magallanes. 

Para el día 1º del mes entrante de diciembre mandará Ud. al Fuerte Federación ciento dos yeguas gordas y de cuenta para el consumo de los Indios en servicio, a entregar al Comandante Int. Capitán D. José Seguí.  

Dios guarde a Ud. muchos años. 

Juan José Obligado

                   (firma)”[5]

  

La misiva confirma uno de los roles que desempeñaban los jueces de paz de la campaña provincial en la época de Rosas, como ser las donaciones para aquellas fuerzas propias –milicias o partidas de indios amigos- que servían a la Federación. En ese aspecto, Magallanes estuvo a tono con los tiempos y con la investidura que ocupaba.

Fotografía hallada en una colección privada de Baradero, que muestra a “Martín Magallanes”. Nosotros, al cotejar datos y fuentes las más diversas, creemos que en tal denominación existe un error, y que el de la imagen es, en verdad, Juan Antonio Magallanes.

Otro documento que ejemplifica lo relativo a las donaciones vacunas que estaban obligados a hacer, de alguna forma, los vecinos de Baradero para la milicia, lo hallamos en la misiva del 27 de enero de 1844 en donde un “vecino federal”, de nombre Domingo Lescano, regresó al pueblo de Baradero proveniente del Paso del Tonelero (actual Ramallo) tras haberle dejado allí unas “ciento dieciséis cabezas de ganado vacuno” al general Lucio N. Mansilla para su tropa. Concluida la donación, Lescano informó de su tarea al Juez de Paz de Baradero, don Juan A. Magallanes.[6]

Como una de las funciones de los jueces de paz era la de regular la economía, las marcas de ganado y “el abasto del pueblo”, recientemente, en 2012, se hallaron varias cartas que, dirigidas, entre otros, a Juan Magallanes en julio de 1845, el Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires los encomiaba a realizar una inspección bromatológica de la carne vacuna que se comercializaba en Baradero, San Pedro, Salto, Ramallo, etc.

Magallanes prestó notable colaboración cuando la batalla de Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, al concurrir al campo del honor junto a 100 vecinos respetables que se pusieron a disposición del comandante en Jefe de las fuerza patriotas, general Lucio Norberto Mansilla. La posición que tomaron los baraderenses dentro del dispositivo militar fue el de retaguardia, y se situaron junto a las fuerzas de otros dos jueces de paz: el de San Antonio de Areco, en la investidura de Tiburcio Lima, y el de San Pedro, don Benito Urraco. Esta fuerza juntaba unas 300 personas que partieron de esos pueblos vecinos a Obligado para enfrentar a los anglo-franceses.

Carta fechada el 19 de octubre de 1844, en donde el Juez de Paz de Arrecifes, Juan José Obligado, le ordena a Magallanes a que envíe cierta cantida de “yeguas gordas” para consumo de los indios amigos.

A propósito del Juez de Paz Magallanes, la consulta que hice de diferentes fuentes no logra dar una única versión acera de su nombre. El historiador revisionista Vicente L. Sierra lo anota como “Juan O. Magallanes”[7], mientras que en la colección privada de un historiador de Baradero tuve la ocasión de observar una fotografía del Juez de Paz que sobre el margen inferior izquierdo tenía adherida una etiqueta que decía “MARTIN MAGALLANES – JUEZ DE PAZ BARADERO”.[8]

El antiguo Juez de Paz federal falleció en Carmen de Areco a la edad de 72 años, el 4 de diciembre de 1861.

 

Por Gabriel O. Turone

 

——————–

Bibliografía:

*) LOPEZ, R. (2015): “Rosismo” [en línea], en El rosismo en Baradero [consultado el 11/09/2018]. Disponible en: https://prezi.com/tsb0fa1wdijd/rosismo/

*) O’Donnell, Pacho. “La Gran Epopeya. El combate de la Vuelta de Obligado”, Editorial Aguilar, 2012.

*) “Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires” (1836-1840), Imprenta del “Mercurio”, Buenos Aires, 1874.

*) Sierra, Vicente Leónidas. “Historia de la Argentina” (1840, 1852), Volumen 1, Editorial Científica Argentina, 1972.

——————–

Referencias:

[1] En 1835 figuraba como Juez de Paz de Baradero don Julián Pedro Lynch Zavaleta, de quien no contamos con mucha información sobre su administración. Fue antepasado del guerrillero comunista Ernesto “Che” Guevara Lynch de la Serna; se sabe que los Lynch resultaron ser, durante el rosismo, salvajes unitarios, por lo cual, no nos debe extrañar que este Julián Lynch haya sido Juez de Paz baraderense por muy breve lapso de tiempo, más precisamente, hasta que Rosas llegó por segunda vez a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires en marzo del año referido.

[2] El tal Patricio Lynch que aparece en la carta fue tatarabuelo del “Che” Guevara, luego perseguido por salvaje unitario. En 1836 todavía no se había manifestado abiertamente contrario a Rosas, lo que sí saldrá a la luz en 1840 cuando se pliegue a las fuerzas del general Juan Lavalle cuando la invasión a la Provincia de Buenos Aires con apoyatura y financiación francesa.

[3] “Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires” (1836-1840), Imprenta del “Mercurio”, Buenos Aires, 1874, página 33.

[4] “Registro Oficial del Gobierno de Buenos Aires”, Volumen 22, Imprenta del Estado, Buenos Aires, 1843, páginas 42 y 43.

[5] El Fuerte Federación fue creado en diciembre de 1827 por el coronel José Bernardino Buenaventura Escribano, y dejó sentados los cimientos de la actual ciudad de Junín, Provincia de Buenos Aires.

[6] La carta lleva la firma de Juan José Obligado, Juez de Paz de Arrecifes.

[7] Sierra, Vicente Leónidas. “Historia de la Argentina” (1840, 1852), Volumen 1, Editorial Científica Argentina, 1972, página 234.

[8] Esto lo pude corroborar en una visita que hice al solar de este amigo historiador el 8 de septiembre de 2018.

En un portal de Baradero (Baradero Te Informa, BTI) figura una nota titulada Mi Viejo Barrio que, suscrita por Blanca Raggio, nombra a un Martín Magallanes como vecino respetable y Juez de Paz, que había tenido una descendencia integrada en su totalidad por mujeres (Pilar, Mercedes, Martina, Lucila y Vicenta), dato, éste, que no se condice con la prole de Juan A. Magallanes que tuvo un solo hijo varón. Además, tampoco hallamos datos sobre el supuesto período en que este Martín Magallanes ha sido Juez de Paz en la época de Rosas. Por ende, la imagen del coleccionista de Baradero que ilustra esta nota puede que tenga mal colocado el nombre. En este punto, nos hallamos ante un enigma que, a futuro, debería poder ser resuelto para tener una mejor certeza de las autoridades de este pueblo provincial durante la primera mitad del siglo XIX.

Tagged with ,
Prensa JR
This post was written by
Entre las actividades que desarrollamos, las mismas son variadas y proficuas: conferencias, jornadas de cine-debate en base a películas que tratan sobre temas históricos y/o intelectuales, homenajes, visitas a lugares históricos, presentaciones de libros, investigaciones en instituciones tales como el Archivo General de la Nación, hemerotecas, bibliotecas, asesoramientos para empresas de índole investigativa, etc.

Leave Your Comment