LA VELETA Y LAS PULPERIAS QUE DIERON ORIGEN AL BARRIO PORTEÑO DE CABALLITO

LA VELETA Y LAS PULPERIAS QUE DIERON ORIGEN AL BARRIO PORTEÑO DE CABALLITO

Quien primero se interesó en el rastreo de los orígenes más remotos del barrio porteño de Caballito fue Manuel Bilbao, en donde esbozó algunos párrafos sobre tan particular génesis nomenclar en su obra Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires, obra póstuma que apareció bajo el sello editorial Talleres Gráficos Ferrari hermanos en 1934.

Aunque se infiere que pudo haber sido en 1826, el 15 de febrero del año 1821 el inmigrante genovés Nicolás Vila adquirió una manzana comprendida por las calles avenida Rivadavia, Emilio Mitre, avenida Juan Bautista Alberdi y Víctor Martínez, manzana que pertenecía a la señora Dolores Silva, viuda del primer dueño de esa chacra, don Juan Francisco Resquejo.

En ese predio, Vila edificó una casa de cuatro habitaciones, destinando una de ellas a una pulpería (que era el nombre que se conocía en ese entonces los bares actuales). En la puerta del local, Vila colocó un mástil con una veleta que contenía la figura de un caballo retacón. Se trataba de una figura de latón grueso de 0,56 m. de largo X 0,35 m. de alto, obra de un herrero apellidado Guerrero.

La pulpería se encontraba en la esquina sudoeste, a las orillas de lo que era el Antiguo Camino Real, actualmente conocida como la avenida Rivadavia, en su cruce con “El Camino del Polvorín”, actualmente calle Emilio Mitre. Como se ha dicho, la pulpería poseía una veleta de latón con la silueta de un caballo, de allí que se hiciera famoso como “La Pulpería del Caballito”, que dio nombre al barrio. Esta fue, pues, la primera ubicación de la famosa veleta.

En “La Pulpería del Caballito” se detenían galeras, carretas y gauchos de a caballo, ya sea para beber giniebra, obtener algún alimento -se dice que eran deliciosas las empanadas y los ravioles que allí se servían-, o, simplemente, para resguardarse en la frondosa arboleda que la circundaba, y que le daba al paraje una insospechada tranquilidad rural.

Al parecer, fueron estos parroquianos los que le dieron al lugar el nombre de “La Pulpería del Caballito” o “El Caballito”, sin percatarse que esas denominaciones habrían de expandirse entre el vecindario de modo tal, de darle, a futuro, nombre propio a una de las barriadas más características de la ciudad de Buenos Aires.

De hecho, la primera vez que tal denominación tuvo franca aceptación entre los paisanos de la zona habría ocurrido en el año 1830, en la época de Rosas, cuando a varias leguas a la redonda “La Pulpería del Caballito” ya era un nombre propio que trascendía cualquier límite.

La prosperidad de esta pulpería del viejo Buenos Aires, sin embargo, se vio ensombrecida con el asesinato de su dueño, don Nicolás Vila, a manos de milicianos del general unitario Juan Galo de Lavalle, los cuales intentaron asaltar su negocio en 1829. Vila, entonces, optó por resistir el atropello y así encontró la muerte, aunque provocándole también la propia a uno de esos forajidos lavallistas a tiros de trabuco.

Esta es la veleta original que en 1821 puso, en lo alto de su pulpería, el genovés Nicolás Vila. De este objeto nace el toponímico Caballito para denominar al barrio de Buenos Aires.

El negocio intentó ser reabierto gracias a los nobles esfuerzos de uno de los hijos de Nicolás, de nombre Isidoro Vila, dado que “La Pulpería del Caballito” también había sido saqueada y depredada por la soldadesca. Sin embargo, nunca pudo recuperar el viejo esplendor que le había conferido su padre, por eso Isidoro tuvo que venderla o rematarla el 17 de marzo de 1829. Según entendemos, la propiedad pasó algunos años sin conseguir un nuevo dueño.

No obstante, tal como lo refiriere el barriólogo revisionista Fernando Cunietti-Ferrando en una nota suscrita en 1971, la famosa veleta, si bien colocada en sus orígenes más remotos en la esquina sudoeste de avenida Rivadavia y Emilio Mitre, posteriormente estuvo emplazada en otras dos esquinas más. Eso quería significar, de hecho, el cambio de los dueños o propietarios de esos puntos de intersección, como veremos a continuación.

El ciudadano italiano Luis Navone (a quien los criollos españolizaron el apellido por el de Naón) fue, por decirlo de alguna manera, el segundo dueño de la mítica pulpería que dio nombre y personalidad a la futura barriada porteña. Como lo manifiesta Vicente Cutolo, este Naón

“Adquirió una casa quinta situada en la manzana actualmente limitada por las calles José Víctor Martínez, Juan Bautista Alberdi, Emilio Mitre y Rivadavia al comerciante Domingo Gallino, que le fue transferida por escritura del 18 de julio de 1833.”

Seguramente, esa casa quinta fue la misma que, por febrero de 1821, adquiriera el genovés Nicolás Vila, como se anunció párrafos más arriba. Doce años más tarde, en 1833, su dueño pasó a ser Luis Naón. Al correr del tiempo, éste se mudó a “un nuevo negocio de pulpería” que abrió “en la actual esquina noroeste de Cucha Cucha y Rivadavia”, adonde llevó y colocó la famosa veleta con forma de caballito. Aquí, entonces, tendríamos la segunda ubicación del elemento que indica la dirección del viento. [1]

El 11 de mayo de 1835, en los prolegómenos de la 2° Gobernación Provincial de Juan Manuel de Rosas, don Luis Naón vendió su quinta a la familia del galeno Valerio Arditi, estableciéndose en otro solar que quedaba en una esquina enfrentada a la de la primitiva quinta que había adquirido hacia 1833. Y es esa nueva morada de Luis Naón la que pasará a llamarse como “Casa del Caballito”.

A la muerte de Luis Naón en 1844, la nueva quinta que había alcanzado a comprar (“Casa del Caballito”) quedó para uno de sus hijos, don Carlos Naón, a quien se lo ha caracterizado como poco menos que un personaje del primitivo caserío de Caballito y del lindante Partido de San José de Flores, del que llegó a ser Juez de Paz. Sin embargo, malos emprendimientos comerciales hicieron de Carlos Naón un malogrado inversionista que, ante el fracaso de sus negocios, debió hipotecar sus propiedades, entre ellas el solar paterno. Antes, había donado una parcela para el asentamiento de la estación de trenes de Caballito.

Ocurrido su fallecimiento el 29 de abril de 1861, la quinta o solar que fuera epicentro del luego pujante barrio capitalino de Caballito, fue subdividido en lotes por el rematador Mariano Billinghurst, los cuales fueron adquiridos para el diseño futuro de sus casas y trazado de su nomenclatura.

El antiguo edificio de la “Casa del Caballito” fue demolido alrededor del año 1875, entretanto la pulpería que estaba situada en Cucha Cucha y avenida Rivadavia, donde por segunda vez lució la veleta con forma equina, fue cerrada y reemplazada por otro comercio similar que se instaló, como antaño, en la esquina sudoeste de avenida Rivadavia y Emilio Mitre, y que tenía por dueños a los señores Manuel Donado [2] y Celestino Montarcé. En la cúspide de esa nueva pulpería se instaló la famosa veleta, en la que resultó ser la tercera ubicación de su derrotero.

Último sitio donde estuvo encumbrada la veleta del caballito, en la pulpería de Donado y Montarcé, sita en la esquina sudoeste de Emilio Mitre y avenida Rivadavia. Fue demolida hacia el año 1900. Imagen del Archivo General de la Nación (AGN).

Hacia el 1900 se tiró abajo la pulpería de Donado y Montarcé, pero fue el referido Manuel Donado quien tuvo a bien resguardar la famosa veleta que transitó por tantas pulperías y edificios de la primitiva zona de Caballito.

Gracias a gestiones que por 1925 hiciera el Dr. Enrique Udaondo con la familia Donado, la veleta original fue donada, para su conservación, en el entonces Museo Colonial e Histórico de la Provincia de Buenos Aires. [3] Pero no termina allí la historia de esta veleta de renombre, pues el día 20 de mayo de 2010 un último destino le cupo a ese objeto originario de 1821: descansa en la oficina del Director del Museo de Esculturas “Luis Perlotti” de Buenos Aires, donde está monitoreado y bien custodiado las 24 horas del día, contando incluso con un seguro del Banco Provincia.

A modo de recuerdo, la veleta que hoy se puede ver en la plazoleta Primera junta fue realizada por el escultor argentino Luis Perlotti a mediados de la década del siglo XX y concluida luego de su muerte, por el escultor Juan Carlos Ferraro. Se emplazó en el sitio actual el 10 de noviembre de 1969.

PLACA DEL LUGAR DE LA PULPERIA

Escondida o, mejor dicho, confundida en un sector de la pared que deja ver murales realizados por los alumnos del Colegio Marianista de Buenos Aires, una placa rectangular memora el hecho de que allí existió la famosa pulpería cuya veleta con forma equina dio el nombre al barrio de Caballito.

La leyenda de esa diminuta placa de bronce, que está ubicada en la esquina sudoeste de avenida Rivadavia y Emilio Mitre, dice:

“EN ESTA ESQUINA, EN EL AÑO 1821 ESTUVO
LA VELETA QUE DIO ORIGEN AL NOMBRE DE
NUESTRO BARRIO: CABALLITO.
31 DE MAYO DE 1997

CLUB DE LEONES DE CABALLITO
REVISTA NUEVO HORIZONTE DE CABALLITO
JUNTA DE ESTUDIOS HISTORICOS DEL CABALLITO
COLEGIO MARIANISTA.”

Por Gabriel O. Turone

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Referencias:

[1] La primera huella o trazado que tuvo la actual calle Cucha Cucha se denominaba, en la década de 1830, con el nombre Caballito, el cual debe su origen, indudablemente, a la existencia de la famosa pulpería de Luis Naón. Dicho nombre duró hasta una Ordenanza Municipal del 27 de noviembre de 1893, cuando pasó a denominarse Cucha Cucha. Pero desde Neuquén hasta Rivadavia, ese tramo pasó a llamarse Federico García Lorca a partir de la Ordenanza N° 49.662 del año 1995.

[2] Otro apellido que se le endilga a este ciudadano es el de Domato.

[3] Actualmente, ese sitio se denomina Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo” de Luján.

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Bibliografía:

– Cutolo, Vicente Osvaldo. “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino”, Tomo V, N-Q, Editorial Elche, Buenos Aires, 1978.
– Cunietti-Ferrando, Arnaldo J. “Las Tres Esquinas del Caballito”, Diario La Prensa, 2 de mayo de 1971.
– Miranda, Arnaldo Ignacio Adolfo. “Cafés de Flores y Caballito”, Buenos Aires – Los Cafés, sencilla historia, Volumen 2, Ediciones Turísticas de Mario Banchik, Noviembre de 2000.

Prensa JR
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