LA VIDA DEL CHACHO, ESCRITA POR JOSE HERNANDEZ, por Luis Soler Cañas (1951)

LA VIDA DEL CHACHO, ESCRITA POR JOSE HERNANDEZ, por Luis Soler Cañas (1951)

La admiración que profesó don José Hernández al caudillo riojano y federal Ángel Vicente Peñaloza queda consignada en esta obra que, como se aclara en el texto que sigue, tuvo un primer título (Rasgos biográficos del general Ángel Vicente Peñaloza) y que luego, ya para la posteridad, fue más conocido con otro más simplificado (Vida del Chacho). Por cierto, la edición que aparece en imagen corresponde a la que, de seguro, hemos leído, y tenido en nuestras manos, la mayoría de quienes abrevamos en el grupo o portal de Jóvenes Revisionistas, correspondiente al Centro Editor de América Latina, del año 1967. Vale aclararlo: Luis Soler Cañas no se referirá en los renglones de su escrito a esta edición sino a la que salió en 1951, prologada por Antonio Dos Santos, como también a los folletos originales y al gran rescate hecho por el brillante Raúl Scalabrini Ortiz, en 1939, desde las hojas del periódico porteño “Reconquista”. 

La pluma excelsa de Luis Soler Cañas, digno representante del “revisionismo militante”, aparecido entre 1930 y 1955, y de la “eclosión revisionista” parida luego de 1955 y vigente hasta la década de 1970, hace un valioso recorrido de aquellos aspectos sociológicos, políticos y literarios que evitaron, en su momento, dar a conocer la opinión favorable y humana que el padre de Fierro le otorgó al general Peñaloza. Y no elude echar tintas a la subversión literaria de Domingo Faustino Sarmiento (Facundo. Civilización y Barbarie) que, dicho por el mismo autor, fue escrita como publicación de guerra y propaganda, y llena de datos mentirosos, pero a la cual sus panegíricos establecieron como lectura de dogma histórico para confundir las mentes de las venideras generaciones argentinas.  

El texto que a continuación se transcribe, fue extraído de la Revista del Instituto “Juan Manuel de Rosas” de Investigaciones Históricas de Buenos Aires, Nº 15 y 16, de Septiembre de 1951. Transcripción gentileza Gabriel O. Turone:

   

“La vida del Chacho, escrita por José Hernández”, 

por Luis Soler Cañas (1951) 

Poco es lo que saben las actuales generaciones acerca del Chacho, aquel recio, generoso y formidable caudillo cuya figura de auténtico señor de los llanos tuvo la virtud de concitar las iras y el odio de Sarmiento. La personalidad de Ángel Vicente Peñaloza no ha llegado hasta nuestros días tan desfigurada y falseada, sin embargo, como lo fue la de Facundo Quiroga, por ejemplo. El Facundo de Sarmiento –sobre el cual se continúan edificando todos o casi todos los intentos de explicación del personaje, a pesar de haberse demostrado su deleznable base histórica y la alteración de la verdad de los hechos, realizada a veces por expreso designio, según confesión epistolar del propio Sarmiento-, está escrito por una pluma de rasgos extraordinarios y que, además, el celo de los vencedores del caudillismo impuso poco menos que como lectura obligatoria a toda la nación y a su posteridad. Si el Facundo no merece el dictado de obra de carácter histórico, vale decir, científico –que no podía tenerlo, ya que era obra de propaganda y de ataque, obra política-, en cambio se ha ganado con todos los derechos su inclusión en un lugar privilegiado de nuestra literatura. Desgraciadamente, su valer literario induce a muchos a confundir las cosas y se pretende escribir la historia de aquella época sobre la base de Facundo, lo que resulta tan arbitrario y tan ridículo, por ejemplo, como si tomásemos como base de referencia para escribir la historia de los tiempos actuales, cualquiera de los libelos tendenciosos publicados por los políticos a quienes desplazó el movimiento militar de 1943.

Con el heroico general Peñaloza las cosas sucedieron de otro modo. El horrendo crimen de que fue víctima por las huestes de Mitre, mandadas alevosamente por éste para “pacificar” de cruel y sangrienta manera el interior del país, debió sin duda alguna conmover hasta a muchos de los mismos adversarios del caudillo. La muerte del Chacho, que José Hernández revela con indignado acento en sus Rasgos biográficos del general Ángel Vicente Peñaloza, fue un asesinato cometido con toda sangre fría, con la misma sangre fría con que se lo premeditó y planeó. Fue uno de los crímenes más estúpidos y sin justificación, a la par que uno de los más abominables, entre los tantos de aquella época en que el mitrismo ensangrentó al país, por la forma y el momento en que se lo consumó. El trabajo de José Hernández, publicado primeramente en “El Argentino”, de Paraná, pocos días después de conocerse el brutal asesinato del caudillo riojano, lo fue después en folleto dos veces más y, como apunta el prologuista de la edición que tenemos a la vista[1], señor Santos López, la Vida del Chacho –título con el que posteriormente se lo conociera- “quedó sumergido en el olvido hasta 1939 en que la publicara como folletín el diario “Reconquista”, de Buenos Aires, dirigido por Raúl Scalabrini Ortiz”.

Olvido deliberado, porque este oscuro trabajo periodístico de José Hernández, que sin duda no tiene mayor valor literario, reviste un extraordinario valor histórico documental, por cuanto en él revela y demuestra acabadamente el genial autor del Martín Fierro que el caudillo de los llanos no fue muerto en pelea sino asesinado alevosamente, sin defensa alguna. Y lo demuestra, he aquí lo interesante, con documentos emanados de los propios adversarios del Chacho, poniendo en evidencia falsificación de partes y de cargos tendientes a falsear la verdad de los hechos sobre el espantoso crimen. Además, al referir a grandes rasgos la existencia del general Peñaloza, Hernández pone de relieve su condición generosa, lo querido que era por el pueblo y cómo hasta sus enemigos supieron respetarlo cuando eran hombres de bien, no los sicarios con que Mitre contó para domeñar a su voluntad las provincias.

Se explica perfectamente que todos los historiadores de la escuela de Mitre hayan silenciado esta obrita de Hernández, porque toda ella es una acusación gravísima contra el vencedor de Urquiza y contra sus colaboradores; acusación de la que no se salva, por cierto, Sarmiento, para quien el autor del Martín Fierro tiene conceptos bien duros. Otro aspecto digno de señalar en la Vida del Chacho es que en el prólogo Hernández profetiza a Urquiza lo que más tarde ocurrirá: su asesinato, de persistir en su política de conciliación y de mal entendida amistad con el partido de Mitre.

Esta edición lleva a manera de prólogo un estudio de Santos López sobre el personaje y la época, en el que se da noticia, además, de los sucesos inmediatamente anteriores al asesinato de Peñaloza, que Hernández omite por conocidos en esos momentos en que escribe impulsado por vehemente indignación. En el prólogo se refiere Santos López, asimismo, a una cuestión que reviste bastante interés: a las vibrantes estrofas que el crimen consumado por las huestes de Mitre suscitó en el poeta Olegario Víctor Andrade, al componer su canto “Al general Ángel Vicente Peñaloza”. Es significativo que este canto fuera publicado por Héctor Varela en Buenos Aires, poco después, con el título harto diferente de “Al general Lavalle”; y más todavía si se tiene en cuenta que la figura de este general fue siempre muy mal mirada por Andrade, quien lo conceptuaba “el primer criminal de la República, el asesino de Dorrego, el que dio la señal de la anarquía y de los terribles episodios que han despedazado las entrañas de la Patria”.

Está claro que se le cambió el título para que la posteridad no supiera que el bardo Andrade había cantado a la heroica figura del caudillo muerto alevosamente por las hordas de Mitre. Y así fue como el poema permaneció con el segundo título en todas las ediciones de la obra poética de Andrade publicadas después de la muerte de éste, salvo la última de ellas, realizada en 1943 por la Academia Argentina de Letras, con un estudio de don Eleuterio F. Tiscornia en que este erudito investigador pone las cosas en su lugar y restituye al canto su verdadero nombre.

La vida del Chacho escrita por José Hernández merece leerse, porque es un documento revelador de la época y de los hombres que en ella actuaban. Su autor fue uno de los espíritus más honrados, veraces y patriotas del siglo pasado: de ahí la importancia que revisten sus afirmaciones sobre el proceso político de la época contenidas en los Rasgos biográficos del general Ángel Vicente Peñaloza, cuya reedición por el señor Antonio Dos Santos debe señalarse como una inestimable contribución al mejor conocimiento de los hechos históricos de nuestro pasado.

 

LUIS SOLER CAÑAS

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Referencia:

[1] Vida del Chacho, por José Hernández, precedida de un estudio de Santos López. Moderna Biblioteca Argentina, volumen 2º, Antonio Dos Santos, editor, Buenos Aires.

Prensa JR
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