LAS MORADAS DE CIRIACO CUITIÑO (SEGUNDA PARTE: SAN TELMO Y BOEDO)

LAS MORADAS DE CIRIACO CUITIÑO (SEGUNDA PARTE: SAN TELMO Y BOEDO)

CUITIÑO: ENTRE SAN TELMO Y BOEDO

Todo indicaría que Ciriaco Cuitiño se enroló en la famosa Guerra con el Brasil, y que antes de la finalización de la contienda, ya se había mudado a Buenos Aires para ponerse a disposición del coronel Dorrego, quien había asumido la gobernación de la Provincia el 11 de agosto de 1827.

Nunca se apartó del llamado de la ley y el orden, por eso mismo Ciriaco Cuitiño salió en defensa de Dorrego cuando a éste lo vino a apurar Lavalle en diciembre de 1828. Y aunque todavía no han salido a la luz documentos que destaquen la participación del futuro jefe de la Mazorca en la batalla de Navarro (9 de diciembre de 1828), la cual determinó el infeliz destino de Dorrego, sí existen indicios de su actuación para vengar su asesinato, como el reconocimiento pecuniario que le hizo el coronel Prudencio Ortiz de Rozas (hermano del Restaurador) por julio de 1830, y cuyas líneas expresan lo siguiente:

 

“Recibí del Señor Coronel Don Prudencio de Rozas la cantidad de quinientos pesos por resto de mis haberes en general del tiempo de la Campaña contra los destructores de las legítimas autoridades del país. Buenos Aires, Julio 21 de 1830.

Ciriaco Cuitiño

(firma) 

Son 500 $” [1]

 

La Campaña que se menciona en el documento anterior, refiere a los aprontes para dar la batalla de Puente de Márquez, donde las tropas federales al mando de Rosas y Estanislao López batieron a las del unitario Juan Lavalle el día 26 de abril de 1829. Allí se puso fin a la ilegal administración de este último, lo que abrió paso, previa administración de Viamonte, a la etapa rosista.

Documento en el que Gregorio Perdriel nombra a Cuitiño "Comisario extrardinario" por sus servicios. Fechado el 18 de marzo de 1831.

Documento en el que Gregorio Perdriel nombra a Cuitiño “Comisario extrardinario” por sus servicios. Fechado el 18 de marzo de 1831.

El cargo con el que Cuitiño ha de morir, le fue conferido durante los años del primer gobierno de Juan Manuel de Rosas y a manos del entonces jefe de la Policía, don Gregorio Perdriel. El documento que lo avala lo encontré en el Archivo General de la Nación, y representa una pieza de inigualable valor testimonial. Además, el mismo hace una vaga pero clara referencia a la supuesta participación de Cuitiño en la batalla de Navarro:

 

“Cuitiño fue nombrado Comisario extraordinario en Enero de 1830, después de haberse hallado defendiendo las leyes e instituciones desde el 7 de Diciembre de 1828, hasta el establecimiento del orden, con el honor que le es característico.

Buenos Aires, Marzo 18 de 1831. 

Gregorio Perdriel

(firma)” [2]

 

A partir de la mención de Perdriel, el coronel Ciriaco Cuitiño pasó a revistar como Comisario Extraordinario Vigilante de Policía a Caballo. En el presupuesto del año 1834, bajo la gobernación de Juan José Viamonte (estuvo nuevamente desde el 4 de noviembre de 1833 hasta el 27 de junio de 1834), le confiaron a Cuitiño el mando del nuevo cuerpo de Vigilantes a Caballo, el cual reemplazó a la Compañía de Caballería Auxiliar de la Policía.

Un año antes, en 1833 con motivo de la Revolución de los Restauradores, hizo su aparición la Sociedad Popular Restauradora y su brazo armado, la Mazorca, entidad, esta última, que mandaban Ciriaco Cuitiño y Leandro Antonio Alen.

Inferimos que la Mazorca fue, por definición, la policía política que tuvo Rosas para contrarrestar a los elementos unitarios que habían anarquizado el país, aunque al comienzo sirvió de azote contra los federales cismáticos o lomos negros. A su vez, la Mazorca gozaba de toda legalidad al estar dirigida por un comisario de la Policía de Buenos Aires (Cuitiño). El propio Restaurador la disolvió por decreto del 1º de junio de 1846 cuando dio por concluida la influencia de los unitarios y sus aliados extranjeros en la vida política interna de la Confederación Argentina.

Foto histórica de la pulpería La Paloma, en San Telmo. Muy frecuentado por Ciriaco Cuitiño y sus colaboradores.

Foto histórica de la pulpería La Paloma, en San Telmo. Muy frecuentada por Ciriaco Cuitiño y sus colaboradores. El progreso la demolió.

No está claro si la Mazorca tuvo uno o dos cuarteles en Buenos Aires. La primera de las versiones señala que sus instalaciones estaban ubicadas en el barrio de San Telmo, en la intersección de las actuales Chacabuco y Chile. [3] Cerca de allí, a tres cuadras, Ciriaco Cuitiño solía concurrir a la pulpería La Paloma (que en sus orígenes era un almacén), ubicada entre Balcarce y el pasaje Dr. José Giuffra.[4] Solían acodarse en su mostrador desde marineros, miembros de la Mazorca y hasta payadores, como Gabino Ezeiza. Nada ha quedado de este legendario lugar, salvo algunas pocas imágenes fotográficas que retratan, a la perfección, esas paredes descascaradas y la puerta de madera desvencijada por donde ha ingresado el coronel Cuitiño muñido de cintillo punzó, sable de caballería y  pechera con botones dorados.

Otro sitio frecuentado por el leal mazorquero quedaba en la calle Carlos Calvo 319.[5] Popularmente fue denominado como la Tasca de los Cuchilleros. Esta edificación fue construida en el año 1729. Aquí vivía doña Margarita Oliden, hija de un miembro de la Mazorca, el sargento don Nicolás Oliden.

La tradición oral ha dicho que Nicolás Oliden quería que su hija se casara con Cuitiño, pero que ella no estaba dispuesta a dejar a su otro pretendiente, un payador de San Telmo de nombre Juan de la Cruz Cuello con el que fugó para vivir casados y tranquilos. Por despecho, Ciriaco Cuitiño dio salvoconductos y órdenes para dar con el paradero de Margarita Oliden y el payador Juan Cuello. En una épica persecución que involucró a los pueblos de Azul, Quequén (actual puerto de Necochea), Quilmes y varias tolderías indígenas, Margarita Oliden fue herida, al parecer, por su propio padre, quien era un leal servidor de Cuitiño, mientras que el payador Cuello fue atrapado cerca del Azul, entre unos indios de la tribu del cacique Mariano Mohican. La partida federal que le dio captura lo maniató y le condujo al Fuerte de Buenos Aires, donde lo fusilaron el 27 de diciembre de 1851 a la edad de 21 años. Margarita Oliden, malherida como hemos dicho, moriría en la casa de Carlos Calvo 319, no pudiendo dar a luz a un hijo que esperaba de su relación clandestina con Cuello.

El otro lugar físico donde se dice quedaban los cuarteles de la Mazorca era el barrio porteño de Barracas. Jóvenes Revisionistas ha escrito un artículo al respecto, donde en uno de cuyos párrafos mencionábamos lo que sigue:

Estas ruinas gloriosas parecen condenadas a su más triste desaparición y olvido. Yacen dentro de un predio que causa, su sólo nombramiento, algún erizamiento o conmoción: en los Talleres Protegidos de Rehabilitación Psiquiátrica donde se encuentran los Hospitales “Borda” y “Moyano”, en el barrio de Barracas, Capital Federal. Más precisamente, entre las calles Brandsen, Dr. Ramón Carrillo, Suárez y Avenida Amancio Alcorta.

Es una tarea por demás difícil esta de rescatar los espacios por donde transcurrió la historia de la Santa Federación. Sea porque no han quedado registros, o porque han demolido casas o edificios, o bien, porque hoy permanecen secretamente ocultos en algunos lugares que, como el que nombramos anteriormente, son de acceso restringido y para nada turísticos.”

Ruinas actuales del que fuera cuartel de la Mazorca, en el barrio de Barracas. No se sabe con precisión si hubo 1 o 2 cuarteles de este cuerpo de la Federación en Buenos Aires.

Ruinas actuales del que fuera cuartel de la Mazorca, en el barrio de Barracas. No se sabe con precisión si hubo 1 o 2 cuarteles de este cuerpo de la Federación en Buenos Aires.

PIONERO DEL BARRIO DE BOEDO

En el primer homenaje póstumo que se le hizo a la memoria de Ciriaco Cuitiño, el cual estuvo a cargo de Jóvenes Revisionistas el 29 de diciembre de 2010 en el cementerio de La Recoleta, pude mencionar en el discurso que di, que “Se desconoce prácticamente que el CORONEL CIRIACO CUITIÑO fue el primer habitante del barrio de Boedo, en esta Capital Federal…”.

El dato, por cierto, no es falso ni mucho menos, pero no es de los más conocidos en su mutilada biografía post mortem. Pude hallar solamente dos fotografías antiguas de la casa que ocupaba Ciriaco Cuitiño en la hoy avenida Independencia 3549, intersección avenida Boedo. Esta morada todavía se conservó en pie hasta el año 1925; tenía un amplio jardín al frente de la casa, al cual se accedía por una puerta enrejada flanqueada por dos grandes pilotes. El sendero principal permitía acceder a una típica galería criolla que culminaba en la parte de arriba con un estupendo balcón. Ese sector era el principal de la casa que tenía Cuitiño. Un viejo vecino de Boedo, don José Magariños, ha manifestado que en diagonal a la casa de Ciriaco funcionaba una pulpería que se ubicaba dentro de un ruinoso edificio y al que se accedía bajando 5 o 6 escalones por una escalera subterránea.

Sin embargo, hay que decir que Boedo era, hasta bien entrada la primera mitad del siglo XIX, un bajo en donde cada vez que llovía se inundaba de agua y formaba lodazales que impedían el tránsito de los pesados carruajes de antaño. Otros mojones de esta zona lo constituyeron sus numerosos hornos de ladrillos, algunas pulperías y almacenes de aspecto rural, tambos y molinos panaderos.

¿Cómo vino a parar a estos lares el renombrado coronel Cuitiño? Hay una anécdota bastante poco conocida sobre el asunto, que fue descripta por el escritor y periodista Juan José de Soiza Reilly. Cierto día, el oficial Cuitiño solicitó en algún momento al gobernador Juan Manuel de Rosas, se le donaran algunos terrenos como premio por sus tareas; Rosas llama a su secretario, hizo buscar un plano y eligió una zona de propiedad fiscal en el Camino del Puente Alsina y mando enseguida extender las escrituras a nombre de Ciríaco Cuitiño. Este le besaba las manos –sin duda ignorando dónde estaban las tierras-. Al día siguiente fue a tomar posesión de sus dominios: ¡Era un bañado!, una enorme laguna. Cuitiño comprendió la broma pero no se acobardó. En el medio del bañado había un islote en donde Cuitiño levantó una edificación, abrió caminos de desagüe, peleó contra la naturaleza. Con el tiempo, la vieja laguna desapareció, se construyeron casas, se hicieron caminos. Conclusión: se volvió un suburbio compacto, saludable y fecundo: El barrio de Boedo.”

En un sesudo trabajo sobre los cafés de Buenos Aires, hay información que indica que los descendientes de Ciriaco Cuitiño continuaron viviendo en la barriada de Boedo. De hecho, el famoso payador y guitarrista José Betinotti fue habitué, promediando el 1900 y 1910, de un reñidero que era propiedad de don Pepe Cuitiño, un descendiente del funcionario federal. Al mudarse a Boedo, en sus frecuentes visitas al Reñidero de Pepe Cuitiño Betinotti solía componer algunos versos payadoriles que dedicaba a la esposa de don Pepe.

Antigua edificación restaurada de la casa donde vivía la prometida de Ciriaco Cuitiño, en Carlos Calvo 319, San Telmo. Esta ha sido otra morada del coronel Cuitiño.

Antigua edificación restaurada de la casa donde vivía la prometida de Ciriaco Cuitiño, en Carlos Calvo 319, San Telmo. Esta ha sido otra morada del coronel Cuitiño. El lugar fue declarado patrimonio ciudadano en 1978.

La proliferación de los reñideros de gallos [6] atraía a todo tipo de compadres y jugadores que intentaban ganarse unos pesos, y entre reyerta y reyerta, la bordona de los payadores le daba a aquella zona de la que Cuitiño fue su primer habitante, la estampa campera que nunca más volvió a tener. Al fugarse el ruralismo de sus calles, Boedo pronto emergería con aires de tangos y milongas, paisaje de otra Buenos Aires y de fisonomías más refinadas y elegantes.

               

Por Gabriel O. Turone

 

Bibliografía:

– Del Pino, Diego A.; Longo, Rafael E.; Himschoot, Oscar B.; Ostuni, Ricardo A. “Buenos Aires. Los Cafés. Sencilla Historia”, Volumen 1, Editorial Librerías Turísticas, Buenos Aires, 1999.

– Luqui Lagleyze, Julio A. “Las calles de la Trinidad”, Revista Todo es Historia, Nº 114, Noviembre de 1976.

– “Ruinas del cuartel de la Mazorca, en el barrio de Barracas”, Nota hecha por la Comisión Directiva de Jóvenes Revisionistas, 2 de enero de 2012.

– Tamborini Duca, César José. “Margarita Oliden”, portal www.pampeandoytangueando.com, 2013.



[1] Nota de Ciriaco Cuitiño, 21-VII-1830. AGN, Sala X, 24.3.1., Legajo 1787. Secretaría de Rosas.

[2] Nota de Gregorio Perdriel, 18-III-1831. AGN, Sala X, 24.4.3., Legajo 1794. Secretaría de Rosas.

[3] Después de la administración de Bernardino Rivadavia, sobrevino en Buenos Aires el auge de ponerle nombres de santos a las calles. Así, a Chacabuco se le denominaba San Pedro, y a Chile se le había puesto San Andrés.

[4] El pasaje Giuffra antiguamente se llamaba Calle Luján.

[5] En el período que nos convoca la nota, Carlos Calvo se llamaba calle San Fermín.

[6] A los reñideros de gallos uno también podía ir a ingerir algún fuerte alimento de olla (guisos, pucheros, etc.), como los que se solían servir en las fondas del Buenos Aires de principios del siglo XX.

Prensa JR
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Entre las actividades que desarrollamos, las mismas son variadas y proficuas: conferencias, jornadas de cine-debate en base a películas que tratan sobre temas históricos y/o intelectuales, homenajes, visitas a lugares históricos, presentaciones de libros, investigaciones en instituciones tales como el Archivo General de la Nación, hemerotecas, bibliotecas, asesoramientos para empresas de índole investigativa, etc.

4 Comments en "LAS MORADAS DE CIRIACO CUITIÑO (SEGUNDA PARTE: SAN TELMO Y BOEDO)"

  • daniel says

    muy ilustrativo
    si podes mandame mas informacion

  • Paula Cuitiño says

    Muy interesante artículo, me gustaría saber si es posible encontrar más información acerca de los descendientes de Ciriaco, y de Pepe Cuitiño, para empezar a reconstruir mis lazos familiares con ellos.

  • María Rita Pousa Camba says

    Muy buena la info sobre el Coronel Cuitino vivo a la vuelta de lo que fue su casa actualmente estoy tratando de recrear en una pintura dicha vivienda. La foto es una gran ayuda. Mi familia administro la estancia q perteneció a los Anchorena. Estancia las Vivoras y que primero perteneció a Rosas allí nació mi abuela materna. Un saludo.

  • Ana di Cesare says

    Estimados colegas,me van a disculpar el comentario, pero están dando como hecho verificado, una ficción literaria.
    Soy de las que creen que para divulgar, primero hay que recurrir a los documentos, para proporcionar datos verídicos.
    Cuitiño jamás vivió en la calle Independencia. Ese fue un invento jocoso de Pedro Blomberg. Un cuento bien narrado.
    Tampoco es cierto que la Avenida Boedo se inundara, ni se anduviera en el barro, cosa que sí ocurría, unas cinco cuadras más al oeste.
    El problema, cuando se escribe sobre historia barrial, es que se plagia a quienes repitieron como loros, historias referidas en una charla de café. Como cualquier tema de la historia, merece un trato respetuoso, especialmente por uno mismo, si es historiador.
    Cuitiño, fue vecino del barrio azulgrana, pero en otro rumbo.
    Tampoco fue pionero, porque llegó 150 años después de la instalación de decenas y decenas de quinteros muy conocidos, entre otros, Alen; que sí tuvo su chacra sobre la actual Av. Independencia, pasando Av. Boedo.
    La cita del vecino, es cierta. En esa pulpería, convertida en conventillo, vivió Carmencita Calderón, a quien se lo he escuchado contar de primera mano, cuando pisaba los 100 años. Pero, lo más importante se puede verificar documentalmente.
    Cordiales saludos.

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