“MI PADRE LE DIJO A AMALFITANI QUE COMPRE LOS TERRENOS DONDE ESTA LA CANCHA DE VELEZ”

“MI PADRE LE DIJO A AMALFITANI QUE COMPRE LOS TERRENOS DONDE ESTA LA CANCHA DE VELEZ”

Hubo un tiempo en que el Club Atlético Vélez Sarsfield había tocado fondo y su destino estuvo seriamente comprometido. A los magros resultados futbolísticos se le sumaban los que ponían en riesgo la propia existencia de la institución creada en enero de 1910. Corría el año 1939 y el panorama era tristemente desolador; al decir del periodista Gabriel Martínez, entonces se transitaba el ciclo

“más negro de la historia velezana. El equipo desciende soportando un bochornoso partido entre Independiente y Atlanta, el alquiler del predio de Basualdo finalizaba, socios y jugadores se desbandaban sin solución de continuidad, las deudas crecían y la situación económica era frágil y caótica.”[1]

Fue a partir de 1940, que las entonces autoridades del Fortín hicieron un llamado desesperado para el regreso de José Amalfitani a la vida política del club, de la que se había alejado, disgustado, en el año 1933, y habiendo desechado, además, un ofrecimiento que se le hizo en 1938. Con la aceptación de Amalfitani para hacerse cargo de Vélez Sarsfield en momentos tan trágicos, comenzaría la epopeya y el persistente como trabajoso despertar del club. Y así lo hizo saber el propio Amalfitani cuando, durante la primera reunión de la nueva Comisión Directiva, señaló: “Vamos a llevar a Vélez otra vez a la primera división y al lugar que ambicionamos”.

Entre los coletazos de la pasmosa realidad que afrontaba Vélez Sarsfield, uno habría de ser la rescisión del alquiler de su mítico estadio ubicado en Villa Luro, entre las calles Pizarro, Basualdo, Schmidl y Guardia Nacional. A través de una gran kermese denominada “Despedida del Fortín”, el 7 de diciembre de 1941 se efectuó la última función del club sobre los terrenos donde se disputó, entre otros hitos, el primer partido nocturno con luz artificial del fútbol criollo.[2]

Todos los que, de alguna u otra forma, nos relacionamos al mundo Vélez, sabemos que entre ese 1941 y el restante año 1942, Amalfitani y quienes lo secundaban en la titánica tarea de resucitar a Vélez, se habían propuesto buscar terrenos para emplazar un nuevo estadio. Y aquí empieza la historia de Ronald Maffi Dodds, hijo de un gerente del Ferrocarril del Oeste (Ángel Maffi) que siempre apoyó aquellas iniciativas que enaltecían al deporte argentino, y entre las cuales estaba la de ayudar a José Amalfitani a buscar algún predio o terreno propicio para erigir una cancha, una nueva esperanza para el equipo del oeste porteño.

EL ENCUENTRO CON RONALD

El que suscribe junto a su padre entrevistamos a Ronald Maffi Dodds, de estupendos 90 años de edad, en la confitería “La Recoleta” de Haedo, provincia de Buenos Aires, el 5 de febrero de 2021.

Gracias a la intermediación del escultor José Alberto Michenzi, a las 17 horas Ronald nos aguardaba en el lugar de la cita vestido de impecable saco azul, camisa blanca, corbata de tono granate y un semblante en donde resaltaban su prolija cabellera blanca y sus brillantes ojos celestes. Y por si fuera poco, este nieto de británicos estaba tomando un té.

Le preguntamos a nuestro entrevistado cómo fue que su padre, Ángel Maffi, le propuso al “Tano” Amalfitani comprar los terrenos donde hoy está el estadio mundialista en Liniers, y allí empezó Ronald a hilvanar aquellos recuerdos que su lúcida mente aún mantienen frescos pese a que cuando los mismos sucedieron él era un adolescente.

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Gabriel O. Turone (GOT): -¿Cómo se dio el contacto entre su padre y José Amalfitani? 

Ronald Maffi Dodds (RMD): -Mi padre era gerente del Ferrocarril Oeste y el terreno primero se lo había dado a Amalfitani en préstamo, pero después le dijo ‘yo te lo vendo’. Y Amalfitani le decía que no tenía la plata, y mi padre le respondía ‘olvidate de la plata, yo te lo doy a 30 años y a pagar 300 pesos por mes’. Finalmente, después de un año de tratativas lo convenció, y ahora Vélez tiene la cancha pero en propiedad. Si esos terrenos Amalfitani no los quería, el Ferrocarril del Oeste en cualquier momento los iba a tomar.

GOT: -Ronald, ¿su padre cuánto hace que estaba en el ferrocarril?

RMD: -Entró a los 14 años.

GOT: -¿Él era nacido en Inglaterra?

RMD: -No, él era argentino. Yo estuve con el presidente de todos los ferrocarriles ingleses en Inglaterra, y me dijo: ‘Si tu padre hubiese sido inglés nosotros lo nombrábamos presidente de todos los ferrocarriles, pero era argentino’. A mí me consta que ningún presidente de ferrocarriles de Inglaterra tomaba una sola decisión sin antes consultarlo a mi padre. Él manejaba el Ferrocarril Roca, el Ferrocarril del Oeste, el Bahía Blanca al Noroeste y el Midland.

GOT: ¿Y su padre dónde vivía?

RMD: -En la ciudad de Banfield, en el barrio ferroviario. Mi padre fundó el Hindú Club de rugby. Si usted se acerca va a ver una placa en la que figura su nombre. Todos los árboles que tiene el predio del Hindú Club los puso mi padre del vivero del ferrocarril.

GOT: -¿Usted qué se acuerda de Amalfitani, cómo era en el trato?

RMD: -Él llamaba todas las noches a mi casa, y yo atendía el teléfono, y cuando me decía que era Amalfitani yo le avisaba a mi padre. Amalfitani era una persona muy difícil de convencer, no quería saber nada con los terrenos porque decía que no tenía la plata, y mi padre le decía ‘ahora los terrenos están en concesión, y si yo te los doy después nadie te los va a sacar. Yo te freno todo porque manejo el Ferrocarril, y los terrenos te los vendo a 30 años’.

GOT: -¿Y cómo fue que se conocieron su padre y Amalfitani? ¿Se presentó Amalfitani o se lo presentaron a su padre?

RMD: -Eso no me acuerdo, pero mi padre ya tenía conocimiento sobre Amalfitani desde que aquél era secretario en la AFA, y de ahí vino la conexión entre ambos.

GOT: -Ronald, dígame, ¿después su padre iba a la cancha de Vélez cuando se terminó de construir?

RMD: -Yo imagino que sí, que seguro las autoridades del club lo invitaron al menos a la inauguración.

GOT: -¿Y usted, Ronald, fue a la cancha de Vélez?

RMD: -Sí, yo fui pero más que nada a ver los partidos de rugby que se disputaban en la cancha de Vélez. El nombre de mi padre está inscripto en una chapa de bronce que está en el club.

En el Club Vélez Sarsfield me quisieron ofrecer una cena a modo de homenaje. Pero yo les dije que no tenía nada que ver, que el responsable de vender los terrenos para levantar la cancha había sido mi viejo. Y desde el club me decían ‘bueno, pero tu padre ya no vive y Vélez quiere en su nombre agradecerte a vos’. Al final no acepté ir porque eso había sido mérito de mi padre, no mío.

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No era para nada casual la relación que había entre el gerente ferrocarrilero Ángel Maffi con el mundo del fútbol, pues en 1912 había llegado a ser jugador de la primera de Boca Juniors, y luego Secretario de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Pero no todo quedaba limitado al deporte más popular de nuestro país, ya que el padre de Ronald fue un amante de las prácticas deportivas en general, brindándole desde su puesto jerárquico y sus contactos una mano solidaria a personalidades como Juan Manuel Fangio y Oscar Alfredo Gálvez, entre otros, a fin de ayudarlos a crecer en sus respectivas trayectorias.

Un alto en la entrevista. De izquierda a derecha: el escultor José Alberto Michenzi, el que suscribe y Ronald Maffi Dodds.

“La oficina del ferrocarril donde estaba mi padre era conocida como ‘la oficina de los deportes’, porque a todos los deportistas ayudaba”, sostenía con orgullo Ronald, y, de alguna manera, corroborando la silenciosa ayuda que le brindó a no pocas glorias del deporte argentino. Y refiere que el día que conoció personalmente a Alfredo Gálvez, gracias a su padre, Ronald se sorprendió porque “Gálvez habló conmigo todo el tiempo en perfecto inglés”. Aquella mítica oficina estaba en el barrio de Constitución, donde hoy está la estación, pero el “Tano” Amalfitani lo llamaba a Ángel Maffi a su casa de Banfield, como se ha dicho.

El colegio secundario, Ronald lo había hecho en el prestigioso St George’s College de Quilmes, institución fundada en el año 1898 por el Reverendo J. T. Stevenson, donde tuvo por maestro a nada más y nada menos que Aimé Félix Tschiffely, el suizo que hizo la más grande travesía ecuestre por todo el continente americano junto a Gato y Mancha. Más adelante, en el “Año del Libertador General San Martín” (1950) a Ronald le tocó hacer el servicio militar en la Escuela Superior de Guerra (ESG) en tiempos en que el jefe era el entonces coronel Pedro Eugenio Aramburu.

Ronald casó en 1958 con Shirley, una mujer nacida en Mendoza. Ambos tuvieron “tres hijos adoptivos y dos hijas”, y residían en esta provincia en un terreno de 20 hectáreas situado en Chacras de Coria, en donde compartían la vecindad con el pugilista Nicolino Locche “con quien jugaba a la pelota”, señaló Ronald como al pasar.

Algunas referencias respecto de los orígenes de Ronald, señalan que los patronímicos Maffi y Dodds son de origen escocés. Los abuelos de nuestro entrevistado eran oriundos de la localidad rural Berwick Upon Tweed que, situada en el extremo norte de Inglaterra, limita con Escocia, motivo por el cual pasó varias veces a depender de una u otra nación a lo largo de la historia. Otro antepasado de Ronald –llamado William Dodds- llegó a poseer 90 mil hectáreas en la localidad bonaerense de Chascomús en la época de Rosas, a quien le proveía de caballos.

La conversación era placentera y en eso miramos la hora. El té que se había pedido “El inglés”, inequívoco apodo con que desde siempre fue conocido Ronald Maffi Dodds, ya era historia, lo mismo las medialunas que, rebosantes y exquisitas, habíamos devorado en unos pocos minutos mientras transcurría este encuentro en los pagos de Haedo. Como tantas otras veces, intentamos descubrir un capítulo histórico que permanecía dormido o echando polvo en algún rincón de la desmemoria, pero que, sin embargo, tiene en el hermoso perfil del estadio “José Amalfitani” la prueba de un sueño hecho realidad.

 

Por Gabriel O. Turone  

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Referencias:

[1] Martínez, Gabriel. “Expedientes Velezanos. El lado V de la historia del Fortín”, Buyamún Ediciones, 2014, Pp. 234 y 235.

[2] Este hito tuvo lugar el 7 de diciembre de 1928 con una asistencia de 20 mil espectadores. Una crónica del día siguiente consignó que las instalaciones no daban a vasto, por lo que quedaron afuera unas 10.000 personas más.

Prensa JR
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