ROSAS Y EL REVISIONISMO EN LOS GREMIOS PERONISTAS DURANTE LAS DECADAS DE 1960 Y 1970

ROSAS Y EL REVISIONISMO EN LOS GREMIOS PERONISTAS DURANTE LAS DECADAS DE 1960 Y 1970

Esta temática no ha tenido muchos panegiristas ni se han hecho propicias investigaciones para entender la reivindicación de Juan Manuel de Rosas y del revisionismo histórico en el seno de las entidades gremiales de nuestro país en las décadas de 1960 y 1970.

¿Cómo se llega a adoptar, en los gremios de cuño justicialista, la exaltación de la figura del Restaurador de las Leyes y de la corriente historiográfica que comenzó a desarrollarse a partir del análisis de su extensa gobernación? En una obra llena de inexactitudes, que llevó por título Libro Negro de la Segunda Tiranía, nacida al amparo del Decreto Ley Nº 14.988 del 16 de agosto de 1956, el gobierno de Facto autoproclamado “Revolución Libertadora” trazó, ya desde su denominación, un parangón entre Rosas y Perón, a cuyas administraciones tipifica de “tiranías”.

Editado en Buenos Aires por 1958, en la página 25 del libro los golpistas profundizaron esa involuntaria ligazón en un párrafo que, bajo el título <<Razón de este libro>>, decía así: “De la pavorosa anarquía surgió un hombre fuerte [Rosas]. No creía en los principios de Mayo y detestaba a cuantos sostenían los de la libertad. Fue el primer tirano. Para asentar su poder feudal se valió de las muchedumbres populares. (…) Calificábase  de <<restaurador>>, y lo era, en efecto, de los dogmas que parecían fenecidos desde 1776 o desde 1789. Dominó por el terror a la provincia de Buenos Aires, y también, por la astucia, al resto del país”.

Ante este tipo de afirmaciones, los proscriptos simpatizantes, militantes y trabajadores de ideología peronista se vieron súbitamente identificados con Juan Manuel de Rosas, conllevando a un pujante incremento de las manifestaciones reivindicativas de su gobernación provincial y de su tiempo, e insertándose, todos ellos, y al principio con no poca timidez y recaudo, en un genuino enfrentamiento respecto a la historia liberal de nuestro país.[1]

Aparte de lo dicho, Juan Perón en sus cartas y misivas desde el exilio empezó a nombrar a Rosas con mayor frecuencia. La que escribió “A los compañeros peronistas” el 10 de junio de 1963, en el fragmento que nos interesa, dice:

“Todos los grandes hombres argentinos han muerto en el exilio, comenzando por San Martín, a quien la oligarquía y las bandas rivadavianas le llamaron también ladrón. Similar acusación cargaron después sobre Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen, etc., aunque en cada uno de estos casos todo se ha limitado a la simulación de procesos sin sentencias, difamaciones inconsistentes o acusaciones tan falsas como temerarias.” 

Las organizaciones sindicales, en especial aquellas entroncadas bajo la estructura de la Confederación General del Trabajo (CGT), que buena cantidad de años estuvo intervenida y prohibida su actividad política/ideológica, como así también las que luego adhirieron a las 62 Organizaciones Peronistas, comenzarían, a través de sus Secretarías, a realizar escritos, trabajos, cursos, actos y homenajes en los cuales se revalorizaba, y recordaba, la época de Rosas.

Por supuesto, que los gremios de mayor representatividad –sea por la rama de la actividad a la cual pertenecían, o bien, por el caudal de afiliados que tenían- fueron los que tomaron con mayor fervor y entusiasmo el luego institucionalizado Nacionalismo Cultural, es decir, la 4ª bandera histórica levantada por el justicialismo después de su caída en 1955. Bajo aquella denominación, entraban en consideración todas las figuras principales que actuaron entre 1829 y 1852, aunque extendiéndose también a los caudillos federales que participaron de la vida política vernácula luego de Caseros y hasta bien entrada la década de 1870.

SMATA Y LA REVISION HISTORICA

El Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) ha sido un ejemplo cabal de todo cuanto aquí se ha expuesto. Cuando en las elecciones generales celebradas entre el 14, 15 y 16 de marzo de 1968 sale victorioso el Movimiento Nacional de Unidad Automotriz, el gremio empezaba una de las tendencias más fuertes en materia de estudio de la historia argentina revisada. Había asumido como secretario general del SMATA el ciudadano Dirck Henry Kloosterman[2], y como Secretario de Actas uno de los principales impulsores de ese revisionismo histórico en las esferas del gremialismo local: hablamos del señor César Ramón Lapuente.

Al año de ungida la nueva conducción en SMATA, se crea la publicación Avance, desde donde saldrán periódicas notas que rescataban batallas olvidadas, héroes sin bronce y análisis de alto vuelo intelectual.[3] El revisionismo en el órgano de prensa del SMATA vivió su esplendor, por así decirlo, cuando en mayo de 1973 vuelve el peronismo a ungir un presidente después de dieciocho años de prohibiciones y persecuciones.

De modo tal, que en la edición Nº 17 de Avance, correspondiente a mayo de 1973, la contratapa contenía “una nota referida a la “Revolución del 25 de Mayo de 1810” y su significación histórica”, tema que continuó en los números siguientes, todos del mismo año. A tono con los postulados del Nacionalismo Cultural, en la edición Nº 24 de Avance de enero de 1974 salió un artículo que se titulaba “La reivindicación Oficial de Rosas”, y al mes siguiente “aparece el texto “Un acto de justicia histórica: La Repatriación de Felipe Varela”, dice una obra sobre los 70 años de vida de SMATA. Queda señalado que, ambas notas, la de Rosas y la de Varela,

“además de informar sobre la vida y obra de estos caudillos federales del S. XIX, tenían una enorme actualidad. Ya que relataban determinaciones tomadas por el gobierno del Gral. Perón, quien había impulsado una Ley (que fue votada en el Congreso Nacional), que derogaba a otra del S. XIX que lo proclamaba reo de lesa humanidad. (…) El otro hecho relatado en una [revista] Avance (la Nº 25 de febrero de 1974), era la repatriación de los restos del caudillo de la Provincia de Catamarca Felipe Varela, ocurrido el 13 de febrero de 1974. Este político y militar había estado enfrentado con el centralismo porteño (aliado local directo del imperio Británico, durante todo el S. XIX), y había fallecido de tuberculosis exiliado en Chile, el 4 de junio de 1870.”[4] 

Una serie de almanaques alegóricos a los próceres federales fueron realizados, entre 1975 y 1976, por iniciativa de la Secretaría de Prensa y Difusión del SMATA. El primero de ellos se imprimió en 1975, y estaba “dedicado a la reivindicación soberana de nuestras Islas Malvinas, usurpadas por el imperio británico. Pero también se resalta allí la rebelión del Gaucho entrerriano Antonio Rivero, que estaba trabajando en una de las islas en faenas camperas desde antes de la invasión y que protagonizó un alzamiento en contra de los ingleses y que fue reprimido por éstos”.[5] Otros fundamentos de esta justa rememoración, aparecen explicados en la edición Nº 32 de Avance (marzo de 1975), donde leemos que el SMATA entendía al revisionismo no solamente como “una obligación para con nuestro pasado histórico, sino también un deber para con nuestro presente y nuestro futuro”. La portada de este almanaque llevaba el lema “LAS ISLAS MALVINAS SON ARGENTINAS”, y en el centro se ubicaba el escudo del archipiélago. 

El segundo almanaque que alcanzó cierta notoriedad, fue el juego de 12 láminas de caudillos federales que para el año 1976 editó la Secretaría de Prensa y Difusión del SMATA. Se trataba del “Almanaque de SMATA 1976. Homenaje a nuestros caudillos”, el cual venía junto con la edición de la revista Avance, Nº 36, de enero del año referido. Los dibujos, realizados a todo color por el artista argentino Roberto Regalado, pertenecían a Juan Bautista Bustos, Manuel Dorrego, Francisco Ramírez, José Gervasio Artigas, Estanislao López, Martín Miguel de Güemes, Juan Felipe Ibarra, Juan Manuel de Rosas, Juan Facundo Quiroga, Ángel Vicente Peñaloza, Felipe Varela y Ricardo López Jordán. Cada lámina traía una reseña biográfica escrita por el historiador revisionista Jorge Perrone.

El gran difusor de estas políticas gremiales que reivindicaban la sepultada Argentina federal, fue el nombrado César Lapuente, quien a partir de 1974 y hasta su jubilación, ejerció como Secretario de Prensa y Difusión del SMATA. En una conversación que mantuve con Lapuente, dijo haber sido muy amigo del revisionista y tradicionalista Luis Soler Cañas, a quien invitó para que vuelque sus conocimientos históricos en la revista Avance.

En otro orden de cosas, Lapuente me explicó que cuando “Soler Cañas estaba desocupado, y cuando nadie le quería dar trabajo, yo le facilité uno en SMATA. Al morir, la viuda de Soler Cañas me regaló el único ejemplar que aquél había editado sobre un Cancionero Peronista, una obra magnífica”. Y respecto a una de las ilustraciones que acompañan este trabajo, en donde se observan a San Martín, Rosas y Perón unidos por el sable corvo que empuñara el primero en la Guerra de la Independencia y que, en 1844, legara al Restaurador de las Leyes, Lapuente me explicó que el diseño fue confeccionado “siguiendo la línea que bajaba Perón: la de San Martín, Rosas y él”.[6] Para ello, contrató al pintor Roberto Regalado luego de consultarlo con José Rodríguez, el entonces Secretario General del SMATA.

Delegación del SMATA en Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1975, en homenaje a la gesta.

El 20 de noviembre de 1975, en conmemoración del 130ª aniversario del combate de Vuelta de Obligado, un delegación de trabajadores del SMATA se hicieron presentes en el acto realizado por la Comisión de Homenaje y Monumento a los Héroes de Vuelta de Obligado, que presidía el Sr. Jorge F. Montiel Belmonte, en el sitio donde se defendió la soberanía nacional.[7]

OTRAS EXPRESIONES GREMIALES

Más allá de las Secretarías de las conducciones gremiales que empezaron a darle importancia al tema este de la revisión histórica, quizás hayan sido los periódicos clandestinos de cuño peronista (tales como “El Soberano”, “Acción Positiva”, “Descartes”, “Huella”, “Trinchera”, etc.) los primeros espacios donde se manifestó el acercamiento entre la historia nacional y los trabajadores. Esto se condecía con el hecho de que esos diarios trataban, fundamentalmente, tres temáticas casi unánimes: la política, lo gremial y lo histórico. De este último, hicieron gala conspicuos revisionistas como José María Rosa, Eduardo Astesiano, Atilio García Mellid, Alberto Baldrich, Fermín Chávez, Patricio Maguire y otros. Además, la mayoría de esos diarios habían surgido en la primera mitad de la década de 1960. El furor, como veremos de ahora en más, va a explotar en el decenio siguiente, más que seguro acompañado del impulso que significó el arribo al poder político del peronismo en la primera mitad del año 1973.

Fragmento de una nota de Eduardo Astesiano reivindicando a Juan Facundo Quiroga, en el diario peronista “Descartes” del 14 de marzo de 1962.

A continuación, trataremos de enumerar algunos autores y gremios que los cobijaron para que aporten a los trabajadores conocimientos relativos a la Argentina profunda, histórica y tradicional.

Con motivo de celebrarse la Semana de la Soberanía, entre el 18 y el 24 de noviembre de 1974, a cargo de la Dirección de Cultura de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el último día de esas jornadas evocativas se desarrolló una obra histórica compuesta y dirigida por María Maristany que se llamó Vida y muerte de un General de la Nación: El Chacho, auspiciada por “la Secretaría de Cultura del Sindicato de Luz y Fuerza”, según se lee en un folleto.

Detalle del folleto que daba a publicidad una obra revisionista auspiciada por el gremio de Luz y Fuerza, en 1974. En la parte superior, una conferencia de igual índole que tenía que dar el Dr. Jorge O. Sulé.

Precisamente, fue un dirigente histórico de Luz y Fuerza, hablamos de Juan José Taccone[8], quien apareció como trabajador comprometido con la causa revisionista en el ámbito gremial. Él aporta, en una nota suscrita en la revista Mayoría del 20 de noviembre de 1974, similares conceptos a los vertidos al comienzo de esta nota respecto de la continuidad trazada por los enemigos del peronismo entre Rosas y Perón, y cómo los trabajadores se abocaron a su estudio en el seno de las organizaciones sindicales:

“…junto con el ascenso del coronel Perón en la vida política argentina, junto con el calor popular que crecía día a día, también los viejos y nuevos nacionalistas, tuvieron la oportunidad de reelaborar con un nuevo contexto público, todas sus tesis del revisionismo, y fue la popularidad de Perón la que posibilitó la inserción definitiva de la personalidad de Rosas junto con las masas trabajadoras del país. 

“Ya casi fue natural ver a los trabajadores (principalmente en los sindicatos, en los cursos de Capacitación Sindical) reivindicando la figura de Rosas.”[9] 

Y continuó expresando el dirigente gremial Taccone, que “Los vencedores de Caseros se equivocaron tremendamente; en Caseros ganaron una batalla militar, pero no derrotaron a la conciencia del pueblo”, mientras que, esos mismos personeros ideológicos, en 1955 creyeron “tener la oportunidad de hacer el paralelo de Rosas y Perón” para cargar sobre ellos “los ataques más grandes de toda la prensa liberal. [Sin embargo] El pueblo, que nunca se equivoca, también los asoció y los trabajadores pensaron que si quienes atacaban a su Líder también atacaban a Rosas, era sencillamente porque Rosas era símbolo de lo nacional”.[10]

Juan José Taccone, uno de los dirigentes obreros más lúcidos que pujó para insertar el revisionismo en las esferas gremiales.

Una pléyade de importantes hombres del pensamiento nacional contribuyó a fomentar el revisionismo histórico dentro de las organizaciones gremiales, como el Dr. Jorge Oscar Sulé, quien a partir de la vuelta del justicialismo al poder en 1973, propició la creación de la Escuela Superior de Conducción Política de la CGT, donde impartía conocimientos sobre historia y la etapa de la Federación, entre otros tópicos.

Al consultársele acerca de cómo se había acercado al revisionismo, Sulé declaró: “El primer contacto que tuve con el revisionismo vino cuando mi padre, que era mecánico, después de una discusión en materia de historia en la que yo expresaba mis ideas con la soberbia de los intelectuales, me tiró por la cabeza para que leyera el libro de Manuel Gálvez “Vida de Don Juan Manuel de Rosas”. Ese libro me marcó el camino en lo que hace al revisionismo. Para mí fue un golpe terrible; me cambió la vida”. Y en otra pregunta, aseguró: “Un mecánico como mi padre veía las cosas con mayor claridad y sencillez que yo…”, sentencia que concuerda con el tema que tratamos en esta nota.[11]

Ernesto Goldar vertió algunas notas de sumo interés en El Obrero Ferroviario, órgano de prensa de la Unión Ferroviaria (UF), de quien expresaban “es una eminente pluma de nuestro periodismo nacional, especializada en temas de exégesis histórica y de crítica literaria”. En una publicación que tituló ““Civilización y Barbarie”, una constante histórica”, los editores de El Obrero Ferroviario dicen de él: “Nos honramos, en esta oportunidad, en publicar un trabajo de su autoría, referido a la constante histórica que marca una permanente división entre nuestros hombres públicos desde antes de 1810 y particularizando esa diferencia dentro de la época de Rosas”, concluyendo en que

“Sarmiento también quiso expresar ese dilema y habló de Civilización y Barbarie. Sólo que, como en muchas otras cosas, equivocó los términos y trastocó el verdadero significado histórico de la cuestión.”[12] 

En la edición 843 de la revista ferroviaria, del trimestre junio/julio/agosto de 1974, hay aportes de otros revisionistas de fuste, como Luis Alberto Murray (Perón, orador) y el nombrado Luis Soler Cañas (Perón, el justicialismo y la cultura), y hasta un trabajo interesante de Horacio Salas (Perón revolucionario), por entonces un joven intelectual que, en las décadas siguientes, alcanzará a ejercer como Director de la Biblioteca Nacional.[13] La nota de Salas, comienza diciendo, que

“La derrota nacional de Caseros permitió que la Argentina ingresara en la estructura colonial del Imperio Británico como su granja proveedora de materias primas.” 

No sería justo omitir el rosismo que abrazó José Ignacio Rucci, aquel trabajador metalúrgico que alcanzó la Secretaría General de la CGT el 11 de junio de 1970, y que concluyera tras su artero y cobarde asesinato ocurrido el 25 de septiembre de 1973 a manos de la Organización Montoneros. En el despacho que ocupó en el edificio de Azopardo 802, uno de los retratos que colgaban de las paredes era el de Juan Manuel de Rosas, obsequio del diplomático Dr. Manuel de Anchorena.

Incluso, vemos que la madre de Rucci, doña Eulogia Ermelinda Galzusta, participó en la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, al “acto central que recordó el 128º aniversario de la batalla de la Vuelta de Obligado”, evento que contó con la organización conjunta de la Escuela de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista y la filial local del Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”.[14]

En las cercanías de las fechas que celebraban la Vuelta de Obligado (20 de noviembre), el fallecimiento de Rosas y de Quiroga (14 de marzo y 16 de febrero, respectivamente) o la insurrección del gaucho Antonio del Rivero (26 de agosto), por nombrar las más resonadas, los gremios no dejaban pasar la oportunidad de publicar anuncios, afiches y recordatorios en cuanto medio gráfico pudiesen, sean éstos revistas, periódicos o gacetillas.

Infaltables en estos menesteres eran el SMATA, la Unión Obreros y Empleados Municipales de Capital Federal, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Federación de Sindicatos Unidos Portuarios Argentinos (SUPA), la Federación Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT), la Federación Obreros del Vestido (FONIVA), la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza, el Sindicato del Seguro, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la Unión Trabajadores Gastronómicos (UTG)[15], el Sindicato Argentino Trabajadores de Prensa, la Asociación Obrera Textil (AOT), la Unión Obreros y Empleados Plásticos, y la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), por nombrar las organizaciones que siempre dejaban su adhesión.

Por su parte, las 62 Organizaciones Peronistas, a través de la palabra de uno de sus históricos Secretarios Generales, Lorenzo Mariano Miguel, eran muy claras al respecto. “Rosas fue el abanderado de nuestra soberanía –opinó por 1974-. Por eso lo atacaron tanto aquellos contemporáneos suyos que representaban a las minorías del privilegio, como los que, en una falsa apreciación histórica, agraviaron y difamaron su memoria”. Siguió diciendo: “Los valores ciertos de la nacionalidad se fundamentan en tres pilares que no admiten discusión alguna: San Martín, Rosas y Perón”, concluyendo en que la idea surgida durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, esto es, de repatriar los restos de Rosas al país[16], debía realizarse por cuanto “Ningún argentino merece el castigo que los ideólogos de ese liberalismo revanchista quisieron imponerle a Rosas, impidiendo que nuestra tierra fuera su última morada”.[17]

Pues, bien, hasta aquí llegamos. Sería una tarea imposible reunir todas y cada una de las expresiones que hicieron los gremios, a través de sus dirigentes más notorios, sobre el revisionismo histórico y la figura descollante de Rosas entre las décadas de 1960 y 1970. A modo de síntesis, aunque no lo parezca, este trabajo concluye en este párrafo, pero no acaba, ni mucho menos, el tema referido. Aunque sí sirve como disparador para mejores y más extensos tratamientos.

 

Por Gabriel O. Turone

 

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Referencias:

[1] Ilustrativo es el caso del Dr. Jorge Oscar Sulé, sociólogo y docente que adscribió de muy joven al revisionismo histórico, y que provenía de un hogar en el cual su padre, un obrero mecánico, era simpatizante peronista. Cuando fue dejado cesante de su cargo de profesor en el Colegio Nacional de Punta Alta, Provincia de Buenos Aires, el 6 de junio de 1956, las imputaciones que se le hicieron a Sulé fueron las de “Su pública actuación en el llamado “revisionismo histórico”, con conferencias y discusiones de exaltación del tirano Rosas; y menosprecio de Rivadavia y de Sarmiento. –Ser nacionalista y partidario del régimen depuesto…”. Este documento, Sulé lo conserva enmarcado en su hogar como prueba de una lealtad a los principios que abrazó durante toda su vida.

[2] Kloosterman murió asesinado el 22 de mayo de 1973 frente a su esposa y dos hijos, cuando intentaba abordar su camioneta Ford Falcon, en la ciudad de La Plata. Los responsables del crimen fueron integrantes de la organización terrorista Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) – Comando Nacional.

[3] Uno de los historiadores que aportó sus conocimientos en las páginas de Avance fue Jorge Francisco Perrone (1924-1995), de reconocida trayectoria y autor de la enjundiosa obra Diario de la Historia Argentina, que llegó a realizar en 3 Tomos, aunque después de su muerte se hizo uno más.

[4] “1973-1976. El Compromiso del SMATA con el Conocimiento de la Historia Argentina”, SMATA. 70º Aniversario. 1945-2015, Secretaría de Prensa y Difusión, SMATA, 2015, página 185.

[5] Op. Cit.

[6] Conversación mantenida con César Lapuente el sábado 28 de marzo de 2015.

[7] Del acto participaron, entre otras autoridades, el Intendente de la localidad de San Pedro, Héctor Hugo Donatti, junto con un Secretario de Gobierno, y también una anciana de 92 años de edad que había sido la 1º maestra que ejerció como tal en el paraje bonaerense Vuelta de Obligado.

Un año y un día más tarde, el 21 de noviembre de 1976, Montiel Belmonte mandaría colocar la Gran Cruz de Acero de Vuelta de Obligado (de 8,20 metro de alto), la cual pagó de su propio peculio y a nombre de la referida Comisión que presidía. Hoy mira al Paraná en las cercanías de la que fuera en 1845 la Batería “Manuelita”.

[8] Juan José Taccone (1924-2007) ingresó en la Compañía Argentina de Electricidad en 1948, la que con los años se convertiría en la estatal SEGBA, privatizada durante el menemismo. Fue delegado gremial de Luz y Fuerza entre 1949 y 1952, pasando a ocupar, desde ese último año y hasta 1954, la Secretaría de la Comisión de Reclamaciones. De 1963 a 1970 fue Secretario General de Luz y Fuerza. Tras el triunfo electoral de Cámpora, Taccone fue designado presidente de SEGBA, cargo que desempeñó entre junio de 1973 y marzo de 1976.

[9] Taccone, Juan José. “Rosas: Símbolo de lo nacional”, Revista Mayoría, 20 de noviembre de 1973, página 25.

[10] Op. Cit.

[11] “Reportaje: Dr. Jorge Oscar Sulé”, Revista Puerta de Hierro, Órgano de difusión de Resistencia Peronista, Nº 1, Marzo de 2005, página 19.

[12] Goldar, Ernesto. “<<Civilización y Barbarie>>, una constante histórica”, Revista El Obrero Ferroviario, Año LII, Nº 839, Octubre de 1973, página 52.

[13] Horacio Salas (1938) no es historiador sino ensayista. Su padre fue simpatizante peronista, lo que le ocasionó quedarse sin trabajo tras el golpe de Estado de 1955, situación que marcó la adolescencia de Horacio Salas, su hijo. Éste fue Director de la Biblioteca Nacional (2003-2004), Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y Director del Fondo Nacional de las Artes, entre otros lauros.

[14] “Sólo el pueblo reivindica al pueblo”, Revista Las Bases, Edición Especial, Año 2, Nº 70, 28 de noviembre de 1973, página 54.

[15] Al presente, esa organización gremial lleva las siglas UTHGRA, que quieren decir Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina.

[16] Merced a un texto original presentado por el Senador Nacional por Salta, Dr. Juan Carlos Cornejo Linares, el Poder Ejecutivo Nacional, a través de la figura de la  Presidente Isabel Perón, promulgó la Ley Nº 20.769 en las sesiones del 25 y 26 de septiembre de 1974, en cuyo Artículo 1º se disponía la repatriación de los restos de Rosas.

[17] “Opinan dirigentes gremiales”, Revista Mayoría, 20 de noviembre de 1973, página 66.

Prensa JR
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