UNA VISITA AL MUSEO DEL AREA FUNDACIONAL (MAF) DE MENDOZA CAPITAL

UNA VISITA AL MUSEO DEL AREA FUNDACIONAL (MAF) DE MENDOZA CAPITAL

La ciudad de Mendoza recuerda el surgimiento de su historia mediante lo que da en llamar Complejo Histórico – Área Fundacional, zona en la cual se encuentran varios atractivos que permiten una genuina apreciación de esos primeros momentos. Ese complejo está formado por las Ruinas Jesuíticas de San Francisco, el Museo del Área Fundacional (MAF) y la Plaza “Pedro Ruiz del Castillo”, y es una de las paradas más importantes para los turistas que recorren los rincones más trascendentes de la capital provincial a través de un micro que, con guía y todo, hace un extenso tour cuya finalización se encuentra en el famoso Cerro de la Gloria.

El Área Fundacional o Complejo Histórico –para el caso, ambas denominaciones son exactas-, puede demandar unas dos horas hasta ser conocido in extenso, comenzando por un guía del MAF que invita a un grupo de 10 o 15 personas a caminar unos 100 metros fuera del Museo, hasta adentrarse en la propiedad que ahora conserva las Ruinas de San Francisco, último vestigio del terremoto que asoló la ciudad de Mendoza en 1861, y que se halla en la intersección de las calles Ituzaingó y Beltrán.

RUINAS DE SAN FRANCISCO

Estas ruinas deben su origen al año 1731, que fue cuando la Orden Jesuita erigió un templo que, tras la expulsión que la misma sufriera en 1767, pasó a depender de la Orden de los Franciscanos, aunque tal traspaso aconteció recién en 1791. Una placa marmórea colocada al pie de las ruinas indica que, luego de la gesta del cruce de los Andes hecha por el general San Martín, en la Iglesia se ubicó “la imagen de Nuestra Señora del Carmen, Patrona y Generala del Ejército de los Andes”. Como todo lo que existía en ese entonces, el templo no sobrevivió al terremoto de Mendoza del 20 de marzo de 1861, quedando únicamente las Ruinas de San Francisco que hoy son un atractivo turístico.

A modo de referencia, en la década de 1990 se mandaron colocar inmensas vigas de acero que permiten una visualización lo más cercana posible a cómo era la estructura original de la Iglesia Jesuita, facilitando, de ese modo, la ubicación exacta de dónde se encontraban sus altares secundarios, el coro, las torres del campanario, etc. La guía que acompañaba al grupo, dio en decir que “estas ruinas son la última muestra que queda de una edificación destruida por el terremoto de 1861”, de allí la importancia que tienen esas paredes de ladrillos de enorme tamaño, algunos de cuyos pedazos quedaron caídos en el suelo, para siempre, producto del cimbronazo de la tierra en movimiento.

Una costumbre de las Iglesias mandadas levantar por la Compañía de Jesús, era que sus paredes dejaban ver el ladrillo pelado sin pintar, por eso, para quien se asome a ver esta reliquia mendocina, notará que hay algunos fragmentos en que sí aparecen pintados de color blanco. Y esto tiene su razón de ser, dado que los Franciscanos mejoraban el aspecto de las estructuras de los templos al pintarlos. Esa modificación es, justamente, la que sufrió la estructura de la Iglesia de 1731, al pasar, como afirmáramos, de los Jesuitas a los Franciscanos en unas pocas décadas.

Otra característica de las Ruinas de San Francisco, tiene que ver con el vivo testimonio de la Mendoza colonial que posee, pues, a partir de la masiva destrucción que ocasionó el terremoto de 1861, la ciudad capital volvió a levantarse ya no con edificaciones de estilo colonial o hispánico, sino, más bien, con uno de líneas afrancesadas. De modo, que se dejó atrás la construcción en adobe y las líneas rectas por otras más sinuosas, ornamentadas y de agradable visual.

Por otra parte, fue tal la magnitud del terremoto [1] que las autoridades provinciales de Mendoza decidieron, ya en la etapa de la reconstrucción, crear numerosos espacios verdes capaces de, entre otras cosas, hacer que la gente acuda a los mismos para ponerse a salvo si ocurriese un nuevo cismo o desastre natural. Hasta ese año de 1861, el único espacio abierto existente era la actual plaza “Pedro Ruiz del Castillo”, esto es, el sitio donde se fundó Mendoza. De allí, que en el trazado actual de la ciudad capital veamos que, en un radio de apenas 6 cuadras, y rodeando a la plaza Independencia, existen cuatro plazas ubicadas de modo equidistante entre sí. Esos espacios llevan por nombres Italia, España, Chile y San Martín. El ensanchamiento de las calles fue otra consecuencia del terremoto, por ende, no debe extrañar al turista la amplitud de sus arterias.

Sobre el costado derecho del predio donde estaba la Iglesia, hay un enorme espacio abierto que contiene, en una de sus paredes, una inscripción que indica la existencia de un “Centro de Investigaciones”. También hay una gigantografía con un plano antiguo del templo hoy ruinoso.

Detalle de un mapa de Mendoza capital de 1761, confeccionado por religiosos de la Orden Betlemita. Se agregaron denominaciones de los lugares mencionados en esta nota.

Para finalizar con la descripción de los restos de la otrora Iglesia Jesuita, la guía indicó que “en hallazgos arqueológicos hechos en la década de 1980 y 1990, encontraron, en las capas de suelo más profundos de la Iglesia, restos de aborígenes. Y por encima de éstos, restos óseos de religiosos, y más arriba las ruinas producidas por el terremoto de 1861”. Esta descripción arqueológica evoca las distintas materialidades que “hacen que el suelo vaya ‘creciendo’ o acumulando sus capas”, y que visualizan las “materialidades de las distintas épocas históricas” de un sitio o lugar.

PLAZA “PEDRO RUIZ DEL CASTILLO” 

Concluida la visita a las Ruinas Jesuíticas de San Francisco, el visitante vuelve sobre sus pasos atravesando la plaza “Pedro Ruiz del Castillo”. Se trata del lugar donde el Capitán don Pedro Ruiz del Castillo decidió fundar la ciudad de Mendoza, el 2 de marzo de 1561.

Invocando a Dios para la creación de la futura pujante capital, fue el escribano Francisco de Urbina el encargado de redactar el Acta Fundacional de Mendoza aquella jornada gloriosa. Una placa realizada por el Colegio Notarial de la ciudad, que está dentro del MAF, recuerda y rinde homenaje a esta figura por su labor.

Una hermosa escultura en bronce rinde tributo a la memoria del Conquistador Pedro Ruiz del Castillo, quien yace de cuerpo entero y sosteniendo, con su mano derecha, la espada civilizadora, y con la izquierda, el pergamino redactado por el escribano Urbina. Su autora fue la artista Tania Driban Molinelli, quien la confeccionó en el año 2000.

Monumento del Capitán don Pedro Ruiz del Castillo, fundador de Mendoza capital en 1561.

Lo andariego de estos personajes de la España grande, bien se refleja en la vida de Ruiz del Castillo, hombre que cruzó los Andes [2] en enero de 1561 desde Chile para ganar tierras a nombre del Rey y fundar Mendoza, pasando luego a Perú y, ya en sus postrimerías, afincarse en la capital de Panamá, donde vio el ocaso en marzo 28 de 1569.

El aspecto actual de la plaza es muy apacible y limpio, con altas y numerosas palmeras que la hacen un espacio agradable para el esparcimiento, y cuyos caminos secundarios conducen hacia el centro de la manzana, donde, luego de subir pequeñas escalinatas, se yergue una amplia fuente de agua de forma circular.

La construcción en 1749 del desaparecido Cabildo de Mendoza se hizo frente a esta plaza, disposición urbana muy característica de los conquistadores españoles tendiente a la cercanía espacial de las principales instituciones. En el presente, a la plaza “Pedro Ruiz del Castillo” la rodean las calles Ituzaingó, Beltrán, Videla Castillo y Alberdi.

EL MURO DE LOS FUSILAMIENTOS

Un dato muy interesante, es que en el sector norte del predio del Cabildo (1749-1861), o sea, en la esquina de Beltrán y Videla Castillo, se ubicaba el paredón o muro de los fusilamientos. Actualmente, el paredón está tapado por una hiedra prolijamente recortada, y diversas placas recuerdan a las distintas personalidades que ahí encontraron la muerte.

Por ejemplo, allí fueron fusilados los hermanos chilenos Carrera (Luis, José Miguel y Juan José) entre 1818 y 1821. Una de las placas mencionadas, contiene el siguiente texto:

“EN EL MURO DE FUSILAMIENTOS

del CABILDO, fueron ejecutados

los patriotas chilenos Grales.

LUIS y J. JOSE CARRERAS el 8/4/1818

y JOSE MIGUEL CARRERAS el 4/9/1821.” 

Luego, hay un monolito que incluye la nómina completa de los fusilados en el paredón del Cabildo de Mendoza el 23 de mayo de 1831 por orden del brigadier general Juan Facundo Quiroga. En total, el Tigre de los Llanos mandó fusilar a 26 prisioneros que habían sido capturados en la Batalla de Río Cuarto (Provincia de Córdoba, 7 de marzo de 1831), veintitrés de los cuales eran oficiales unitarios.

Tras la victoria de las fuerzas federales, Quiroga y su Regimiento de Auxiliares de los Andes llevaron consigo a dichos prisioneros hasta la ciudad de Mendoza, incluido el sacerdote de Río Cuarto.[3] De acuerdo a algunos autores, la travesía de los prisioneros se hizo caminando hasta la Provincia de San Luis, en donde algunos fueron liberados. El resto siguió hasta Mendoza. Una vez allí, Facundo Quiroga dispuso, en venganza por el asesinato de su amigo, el general José Benito Villafañe [4], que, salvo los 23 oficiales que recibieron la pena de muerte, el resto sea puesto en libertad.

Recordemos que entre los 23 oficiales unitarios fusilados en el sector norte del Cabildo de Mendoza [5], se hallaban integrantes de las familias más pudientes de Córdoba, Cuyo y San Luis. Ahí vemos, por caso, a Atanasio Videla, antepasado lejano del que fuera Presidente de Facto de nuestro país entre 1976 y 1981, el teniente general Jorge Rafael Videla.

Al parecer, no será éste el único Videla que fue fusilado por la soldadesca del Tigre de los Llanos, pues también se infiere que el tatarabuelo del teniente general Videla, hablamos del coronel unitario Blas Videla Páez, murió ejecutado en el mismo muro del sector norte del antiguo Cabildo mendocino.[6] Y junto a Blas Videla, puede que también haya caído bajo el plomo federal un hermano suyo, don Ignacio Videla, quien fuera Gobernador de San Luis por durante algunos meses en el año 1830.

¿Error u omisión? Fueron 26 los fusilados, pero figuran 23. Entre los ausentes estaría el tatarabuelo del ex presidente Jorge Rafael Videla, el coronel unitario Blas Videla Páez. Y hasta un hermano de éste, el gobernador puntano Ignacio Videla.

El misterio de si estos dos hermanos Videla fueron, en efecto, pasados por las armas en el viejo paredón que visité, parece profundizarse porque sus nombres no están incluidos en la placa ya mencionada. Y esto se debe, básicamente, porque los historiadores no se ponen de acuerdo en decir si los fusilados fueron 23 o 26. En el recordatorio están los nombres de 23 de ellos, aunque se hace referencia a que fueron fusilados “26 prisioneros”.

Por último, el Cabildo de Mendoza fue víctima del terremoto de 1861, quedando baldío el espacio que la desolación dejó tras de sí. Más tarde, fue construido sobre esas tierras el primer Matadero de la ciudad, pasando luego a un predio ferial que funcionó por los años 40 del siglo XX, y, finalmente, el Museo del Área Fundacional (MAF), inaugurado el 20 de febrero de 1993. De esta forma, se logró recuperar

“parte del patrimonio histórico arqueológico del sector correspondiente a los orígenes de la ciudad, pero con referencia a tiempos anteriores a la misma y posteriores a la destrucción que produjo el terremoto.” 

EL MUSEO DEL AREA FUNDACIONAL (MAF)

Los aspectos arqueológicos son puestos de relieve en el MAF, dado que, como sostiene la cita anterior, transcripta de una referencia que estaba dentro del museo, el visitante puede contemplar detalles de los cimientos de la época en que funcionaban el Cabildo, el viejo Matadero y la Feria.

Algunos sectores de este moderno complejo museístico exhiben pocas piezas, si bien correctamente presentadas y entendibles en sus explicaciones para el turista curioso, siempre ávido de saberes.

Vasijas, azadas, hoces, damajuanas cubiertas con mimbre, y semillas de trigo y cebada encontradas en excavaciones arqueológicas de la ciudad de Mendoza, nos hablan de elementos íntimamente relacionados a la actividad vitivinícola de la zona y a los trabajos rurales que sus primitivos habitantes realizaban para poder vivir bajo los parámetros de la civilización.

MAF. Restos de los pisos del Cabildo construido en 1749. Se notan las bases de unas arcadas que comunicaban las distintas dependencias de la otrora institución gubernativa.

En un panel hay observaciones sobre los denominados “hogares prehispánicos”, que se establecían “a la vera de cauces de agua que bajaban del oeste”, o sea, de la Cordillera de los Andes, y cuya antigüedad rondaría los 2 mil años. Estos mojones serían los primeros vestigios de vida humana en la región cuyana. Respecto a las características de los aborígenes que se asentaban en Cuyo, una crónica de 1646, suscrita por Alonso de Ovalle, decía esto:

“Los indios de Cuyo (…) no son tan aseados, ni cuidan tanto de hacer casas en que vivir, y las que hacen son unas chozas muy miserables, y los que viven en las lagunas hacen unos socavones en la arena donde entran como fieras (…)” 

Esta descripción, un tanto peyorativa a los ojos de los Conquistadores, versa sobre las “Casas Pozo”, consistentes en hoyos que eran “cubiertos de ramas de jarilla y recubiertos con barro y carrizos”. Y el MAF, indica que algunas evidencias de este tipo de hogares prehispánicos lograron ser descubiertas “debajo de la actual Casa de Gobierno, en el espacio del Memorial de la Bandera” y a solamente “cuatro metros de profundidad”.

No faltan en el MAF alusiones al Cacique Guaymallén, quien se asentó junto a su tribu en las adyacencias de la ciudad de Mendoza y que pertenecía a la etnia incaica, al igual que datos de la influencia ejercida por los Incas sobre nuestros Huarpes, principalmente en los modos de confeccionar y decorar cerámicas. Una preciosa colección de piezas aborígenes (puntas de flecha, artesanías, herramientas filosas, etc.) se encarga de añadir mayor información acerca de esos originarios de nuestro suelo.

Antigua fotografía que muestra la plaza “Pedro Ruiz del Castillo” totalmente devastada por el terremoto de 1861. Sobre el margen centro-derecho de la imagen, las Ruinas de San Francisco.

Por lo demás: mapas antiguos, fotografías del terremoto, utensilios de la sociedad conservadora de fines del siglo XIX, un rincón dedicado al empleo y legislación de ese bien preciado llamado agua, más una importante cantidad de maquetas que recrean aspectos desaparecidos del primitivo ejido de Mendoza de mediados del siglo XIX, completan las instalaciones del MAF, destino insoslayable para mejor entender, por un lado, la protohistoria de la tierra del buen vino y, por el otro, el esfuerzo de sus habitantes –gringos y criollos por igual- para resurgir de las cenizas.

 

Por Gabriel O. Turone

El autor de la nota en un lugar del MAF que recrea un paisaje de Mendoza en la época de Rosas.

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Referencias:

[1] El terremoto de Mendoza ocasionó cerca de 5 mil muertos, cuando la población total alcanzaba las 11.500 almas. La magnitud del movimiento fue de 7,2 grados en la escala Richter, lo suficientemente alta como para provocar los daños que ocasionó.

[2] Para esta travesía ecuestre, Ruiz del Castillo contó con 50 españoles y 1500 indios, todo bajo la supervisión del capellán Hernando de la Cueva.

[3] La cantidad de hombres hechos prisioneros por el general Quiroga fueron: 23 oficiales, 18 sargentos, 18 cabos y 350 soldados. (Fuente: Los mártires riocuartenses, lucha entre unitarios y federales, de Luis Schlossberg, Editorial Fundamento, 2011)

[4] De ideología federal y amigo de Quiroga, el riojano José Villafañe gobernó la Provincia de La Rioja desde abril hasta julio de 1830. Envuelto en las guerras intestinas, Villafañe encontró la muerte a manos del sargento mayor unitario Bernardo Navarro en mayo de 1831.

[5] Los desgraciados serán llamados por la historia liberal como los “Mártires Riocuartenses”. Así reza la placa que he visto en el lugar donde murieron.

[6] Blas Videla era oriundo de San Luis en 1785; luchó con los ejércitos patriotas en el Alto Perú durante la Guerra de la Independencia. Tomó parte por el bando unitario, desde el cual enfrentó en la Batalla de Oncativo a Facundo Quiroga (febrero de 1830). Vuelve a enfrentar al riojano en la Batalla de Río Quinto (19 de marzo de 1831), donde son derrotados los unitarios. Habiendo buscado la protección del Gobernador mendocino José Videla Castillo, en Rodeo de Chacón (28 de marzo de 1831) fue nuevamente vencido por Quiroga, quien lo tomó prisionero y lo fusiló con los restantes 25 oficiales capturados.

Prensa JR
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